26 sept 2010

Escritores

Escritores:
Ella disparo sin piedad, abrió juicio sobre el, lo declaro culpable sin decir mucho mas, lo encontró culpable del peor de los crímenes, y el entregado a su condena no supo mas que hacer que no sea dejar que la sangre corra, su hora había llegado, ella se preparo, apunto y abrió fuego.
Tomo su arma, la miro, empuño y sin piedad abrió fuego.
La pluma se deslizo en el aire, escribió tres palabras que se impactaron el la mente de el, provocándole un gran daño, ellas fueron: Amor, odio, pasión.
Ella empuñaba su pluma con gran precisión, la maestría que le dan los años de practica y la locura de su juventud, era una escritora magnifica, despiadada, sutil, encantadora y sensual por momentos, sabia atrapar a sus presas con sus artes, las palabras que fluían de su mente, pues al fin y al cabo sabia que su mente estaba irremediablemente DIVIDIDA y que no podría escapar a ello.
El en cambio era solo un tipo que recitaba VERSOS PERDIDOS pues sabia que todas eran ALEGRIAS EN VANO, luchaba contra el mismo, pero siempre perdía, no se podía ganar, hasta que conoció a la gran escritora y ese fue el último error que cometió en su vida.
La batalla dicen que fue dura y ardua, duro según cuentan dos eternidades, el se resistía a morir, ella se resistía a ganarle, pues en el fondo estaba tan perdida por el como el por ella.
Según cuentan ella le tiraba con palabras punzantes como dardos que atravesaban el corazón de el y el en un intento desesperado las tomaba y las dividía, las desarmaba y las volvía a armar formando versos que el mismo se clavaba en el corazón.
Por lo que se sabe de esa lucha han salido muchos de los grandes clásicos de la historia de la literatura mundial, así como también mucho de los grandes poemas que aun hoy se suelen recitar en lugares olvidados.
Pero como bien se sabe los mitos solo son eso y nada más, así que en algún momento la lucha término y el juez y verdugo pudo por fin aplicar su sentencia.
El según dicen se perdió en el murmullo del mar.
Y ella se convirtió en la pluma que tan bien manejaba y ayuda día a día a los escritores a poder plasmar sus ideas en el papel.


Kershak McCoy 2006

25 sept 2010

Manicomio

Manicomio:

Ella estaba encerrada en un cuarto blanco su vestimenta era solamente un traje blanco al tono y tenia un chaleco de fuerza que le inmovilizaba los brazos.
En el cuarto solo tenia una cama que estaba apenas cubierta por una sabana haciendo juego y el acolchado de las paredes que también era blanco.
Estaba lucida por que tenia cita con el psiquiatra en un ratito, era por eso y solo por eso que no la habían drogado como hacían siempre para mantenerla controlada.
Cuando abrió los ojos noto que se abría la pesada puerta que la mantenía cautiva entre esas paredes hacia ya mas de un año cuando paso el incidente que derivo en esas tres muertes.
Ella lloro ante el jurado (lagrimas falsas claro esta) que ella no había sido, que le habían tendido una trampa, y mil argumentos mas, pero de nada le sirvió, el jurado determino que tenia que estar encerrada de por vida en ese manicomio sin posibilidad de salir, de nada sirvió que ella los amenace con matarlos uno por uno, ellos determinaron eso y su decisión fue firme y permanente.
El psiquiatra entro puntual, al medio día, vestía un pantalón negro con un saco al tono y un guardapolvo blanco que contrastaba notablemente con su vestimenta y su pelo.

- Hola señorita son su Psiquiatra
- (ella no daba signos de prestarle atención)
- ¿Señorita me escucho? – dijo el aclarándose la garganta
- ¿Por qué las moscas hablan ese dialecto tan extraño? ¿Será para que no las pueda comprender?
- Señorita según su expediente aquí dice que usted es hechicera.
- Aja
- Yo no creo en esas cosas
- Debería
- ¿Por que?
- Solo le diré que debería.
- ¿Me va a hechizar acaso?
- ¿Y quien le dice que ya no lo he hechizado?
- ¿Perdón?
- Creo que si un perro me muerde me convierto en una loba.
- Ok, pasemos a otro tema
- El otro día pensaba que si salto de la ventana podría llegar a Júpiter.
- Hábleme de su familia, ¿Había más magos o hechiceros en ella?
- No, no quiero hablar de algo que no existe
- ¿Cómo dijo?
- Si, como escucho, no existen.
- Si existen, de hecho si mal no tengo entendido su padre es un importante empresario y su madre una reconocida filantropista y su hermano es un reconocido jugador de rugbie.
- Eso no es cierto – grito ella
- Si lo es, por más que le moleste.
- Ellos no existen, ellos testificaron en mi contra, ellos traicionaron a su especie... a su única hija.
- Ellos prefirieron encerrarte aquí a perderte en una cárcel.
- Ellos me tienen miedo.
- ¿Miedo?
- Ellos me crearon y ahora me quieren destruir.
- A ver cuénteme eso.
- Oh doctor por favor no sea idiota.
- No me falte el respeto
- Yo hago lo que quiero.
- Por eso esta como esta.
- Jaja, ¿eso es lo mejor que tiene?
- Empiezo a comprender, le advierto que no voy a entrar en su juego.
- No doctor, no se confunda, desde que entro a este cuarto, usted perdió el juego, por así llamarlo.
- Basta, no lograra nada.
- Ya veremos – dijo ella con tono enigmático.
- Dígame que me puede decir de lo ocurrido en la plaza.
- Creta
- Ha esa plaza
- Si esa, la muerte de ese chico, el hechizo en el cementerio
- Usted esta loco, sabe, muy pero muy loco.
- Puede ser, pero soy el encargado de hacer que usted pague por lo que ha hecho.
- No le tengo miedo doctor, ni a usted ni a nadie.

Dicho esto se dio media vuelta y dejo de hablar con el psiquiatra por el resto de la sesión.
El doctor al ver que no obtendría mas cooperación por el día se marcho sin decir nada más.

Habían pasado ya unos cuantos meses desde aquella primera entrevista con ella y el psiquiatra no lograba encontrar fisura alguna en lo que ella decía, todo le cerraba perfectamente o mejor dicho nada cerraba y era por eso mismo que cerraba a la perfección, no había duda ella estaba rematadamente loca.
Por mas que buscaba, por mas que lo intentaba no lograba hacerla confesar, hacerla contradecirse o mejor dicho ella era una contradicción constante por tal era como si no lo fuera.
Ese día entro decidido a terminar con esta locura, quería que ella le digiera que había sido ella la que mato al muchacho, la que hizo el conjuro en el cementerio y si se podía inculparla de algún otro crimen mas seria perfecto para definitivamente elevar el pedido de pena de muerte y deshacerse de ella que ya lo estaba poniendo nervioso a parte de meterlo en un problema tras otro con sus colegas.
Entro en el cuarto y le ordeno sentarse de una manera muy poco amistosa:

- Sentate, me canse de este juego estúpido.
- ¿Juego estúpido?
- No me jodas nena, hace meses que venimos con esto y no llegamos a ningún lado.
- Yo tengo todo el tiempo del mundo.
- Pero yo no.
- ¿Qué es el tiempo para alguien que no tiene ni pasado, ni presente y mucho menos futuro?
- Otra vez esas preguntas sin sentido.
- Oh mi querido doctor si tan solo supiese escuchar.
- Mmmm – lanzó un gruñido como para mostrarle que estaba perdiendo la paciencia.
- Si tan solo supiese interpretar lo que le digo, ya hubiese descifrado el acertijo,¿ o es tal vez que no quiere hacerlo? – Dijo ella lamentándose
- Basta, esto es un maldito callejón sin salida – se quejo él.
- Amo los callejones sin salida y sin son oscuros mejor, si yo le contara doctor lo que yo solía hacer en los callejones sin salida con un mono que tenia no me lo creería.
- Por que no me pones a prueba.
- Por que hasta ahora no ha pasado una sola de todas mis pruebas.
- ¿Qué pruebas?
- A las que lo he sometido.
- No me has sometido a ninguna prueba – agrego el enojado.
- Si, si lo he hecho. – Dijo ella demasiado segura de sí misma.
- No puede ser cierto.
- ¿Por qué no? – Pregunto casi irónicamente.
- Por que jamás me enterado de tales pruebas. – Agrego sin poder dar crédito a lo que ella le decía.
- Bueno, bueno eso es simple, su explicación lo es – agrego ella más como un susurro que como una afirmación.
- Y cual se supone que es la maldita explicaron – grito él.
- Simple mi querido amigo
- Yo no soy tu amigo soy tu psiquiatra, no te confundas. El enojo de el iba creciendo.
- Esta bien como sea, el chiste es que jamás te enteres que estas pasando por una.
- Tenes que estar bromeado, no puede ser cierto, no te creo.
- Créeme.
- ¿Pero... como? – Se aclaro la garganta - ¿cómo es posible?
- ¿Si un tren choca con una mosca por que el tren estalla y la mosca sigue en pie?, no puedo entenderlo.
- Dime como demonios es posible, antes que pierda la paciencia
- Realmente no lo comprendo.
- Te estoy hablando, contéstame o te mando a la sala de aislamiento en donde vas a estar desnuda y con un chorro de agua a presión en tu cuerpo, eso sumado a las drogas que te darán, no creo que salgas viva de allí, por mas bruja o hechicera que digas o creas ser.
- ¿Crees que si la misma mosca me lleve por delante me mate? – Agrego ella mirándolo como dándole a entender que no le tenia miedo y que no creía que se anime a hacer tal cosa.

Ella había oído de la sala de aislamiento, era una sala pequeña en donde mandaban a las reclusas rebeldes y por lo general ninguna sobrevivía a tal experiencia.
Solían meterlas desnudas en la sala y apuntaban una gran manguera que tiraba un chorro a presión que si se quedaba mucho tiempo en un lugar podía romper un hueso tranquilamente y si como siempre que lo hacían eran hombres apuntaban el chorro a los senos o al sexo por lo general la leción era mas grave que si la apuntaran al pecho.
Eso sumado al hecho que por lo general las drogaban a más no poder para que apenas se puedan mantener en pie era bastante peligroso y ninguna quería pasar por eso.
Ella quería pasar por esa experiencia para ver que tan fuerte era, pero sabía que por algún motivo u otro el doctor no se animaría a encerrarla allí.

- Me escuchaste, te voy a hacer encerrar en la sala de aislamiento.
- Si, por favor, me muero de ganas, es más seguro que esperar a que la mosca me atropelle.
- ¿Me estas cargando nena, sos idiota o que?
- No, es enserio, me da miedo la idea de la mosca.

Viendo que esta vez tampoco conseguiría nada, decidió dar por terminada la sesión dado que sino la tendría que meter enserio en la cámara y algo dentro de el se lo impedida.
Se levanto furioso y le dijo antes de cerrar la puerta:

- Esto no se queda así, me oíste, no se queda así, me las vas a pagar. – dijo y salió del cuarto furioso.
- Bueno, cuando quieras, sabes donde encontrarme – agrego ella divertida.

Como estaban las cosas, como el las veía, sentía que se le agotaba el tiempo, su cabeza era cada vez mas confusa, sentía una cosa pero hacia otra, mas por inercia que por convicción.
Siempre que entraba al cuarto entraba decidido a terminar con todo ese jueguito que no conducía a ningún lado pero ella siempre lo hipnotizaba con su manera de manejarse.
Poco a poco intento descubrir cuales eran las famosas pruebas a las que ella decía someterlo pero se dio por vencido por que se ponía paranoico y casi no hablaba, no quería que ella se disguste con el.
Ella estaba demasiado lejos de el, demasiado lejos de eso, pero el no noto eso jamás.
Sabia que el tiempo corría en su contra, del tribunal le habían dicho que en un par de días mas, trece para ser exactos ejecutarían la sentencia de pena de muerte que él había conseguido antes de conocerla, sabia que seria por inyección letal, por un lado estaba feliz, había hecho justicia ¿la había hecho realmente? Pero por otro estaba terriblemente deprimido por haber hecho justicia, si es que realmente la había hecho.
Salió de su casa, saludo a su esposa y a su hijo pequeño y tomo le camino derecho al manicomio, paso la mañana ordenando los papeles y archivos y a medida que llegaba la hora de la sita con ella sentía que su corazón se aceleraba mas y mas, las manos le sudaban de manera horrorosa y no sabia bien por que tenia la boca seca, su cerebro intentaba dejar de lado las imágenes de ella que le venían a la mente, sobretodo las mas lujuriosas, fantasías en las que el le sacaba la ropa y le volvía a poner el chaleco de fuerza y la poseía de manera demasiado brutal, ella pedía mas, gemía, besaba, mordía, y se entregaba como nunca nadie antes lo había hecho jamás para con el, antes que pudiera darse cuenta tenia una erección, miro la hora y se dio cuenta que era hora de ir a verla, se arreglo la ropa y salió rumbo a su cuarto.
Cuando llego ella lo estaba esperando sentada sobre su cama, cruzada de piernas, el pelo le caía sobre los hombros y sus ojos estaban increíblemente encendidos, tuvo que hacer un esfuerzo demasiado grande para contenerse, respiro profundo y tomo asiento en la silla junto a la cama:

- Hola, ¿cómo estas? – Pregunto él para ser amable y para darse tiempo a reacomodar sus ideas.
- ¿Alguna vez vas a dejar de ser tan formal? – Pregunto ella guiñándole un ojo de manera sexi.
- ( Es una maldita perra me quiere seducir- pensó él) No, así me educaron y así voy a morir – acoto sin muchas ganas de ahondar mas en ello.
- ABURRIDO, ESO ES LO QUE SOS, UN VIEJO ABURRIDO – le dijo entre risas.
- Ok, basta, como sabrás, supongo que tu abogado te puso al tanto.
- Algo, no mucho, no me interesaba.
- Decía que como sabrás en trece días te van a ejecutar a menos que me des algo que valga la pena.
- Y yo te dije que no me interesa
- ¿Por que?
- Simple, faltan solo doce días para que sea libre otra vez.
- Dije trece y no vas a ser libre te van a matar, bueno esa es una manera de libertad si lo queres ver así.
- ¿Qué es la muerte para alguien que controla el tiempo, que no tiene ni pasado, presente o futuro, simplemente maneja el tiempo a su antojo?
- Ejem..., ¿otra ves con lo mismo?
- Igual no me refería a eso, me refería que en doce días seré libre.
- Aja, seguro, ¿y como pensas hacer?, ¿Si se puede saber?
- Vos sabes que un mango jamás cuenta sus secretos.
- Si, pero vos no sos un mago, supuestamente sos una hechicera.
- ¿Supuestamente? – Agrego ella ofendida – ya vas a ver, te voy a hacer tragar tus palabras.
- ¿Otra ves me estas amenazando?, ¿queres conocer el cuarto de aislamiento?
- Sabes que si, desde el primer día que llegue.
- ¿Para que?, ¿Para que queres que te encierren ahí? Te van a hacer de goma.
- Mas quisieran, pero no podrán conmigo.
- Sabes que no te voy a mandar a encerrar.
- Entonces para que me amenazas.
- Te recomiendo que no tires mucho de la cuerda y comiences a colaborar conmigo – dijo el amablemente.
- No quiero, no lo necesito, no te necesito, no los necesito, no necesito a nadie, ya van a ver.
- Por que seguramente vas a hacer un hechizo y vas a desaparecer.
- Peor que eso – le dijo furiosa.
- ¿Peor que eso? – pregunto el irónicamente
- Ya vas a ver, ya vas a ver, te vas a arrepentir tanto – Chillo hecha una furia.

En ese momento sonó el celular de el.

- Disculpa es mi hijo, me tengo que ir, tuvo un accidente, nada grave al parecer, pero nunca se sabe.

Ella lo vio salir y casi para sí misma se dijo:

- Un hijo, interesante, muy pero muy interesante.

Ella estaba acostada sobre su cama, sintiendo el frío que la mísera sabana no se podía dormir pensando en el dato que sin querer su querido psiquiatra le había dado.
Pensaba una y otra vez en lo mismo, pensaba en como usaría ese dato para su beneficio.
Lo pensó hasta que a pesar del frío se quedo dormida.
En su sueño se veía perdida en un bosque enorme lleno de luz, pero a pesar de eso sentía que tras cada árbol se escondía algún monstruo, algo la seguía, algo la quería matar, cada vez que se daba vuelta para hacerle frente lo que la seguía se evaporaba como si fuera un fantasma.
Se despertó de golpe cuando en medio de l bosque algo la apreso, no pudo llegar a ver lo que la apresaba pero sabia bien que era ese muchacho que había matado esa noche en Creta.
Se despertó toda transpirada y de muy mal humor justo a tiempo para ver cuando entraba su terapeuta para la sesión diaria.

- Hola, hola, ¿cómo esta mi paciente favorita el día de hoy?
- Morite, no tengo ganas de esto hoy.
- ¿Te pregunte si querías?
- No me interesa si me preguntaste o no, no tengo ganas y se acabo – dijo ella tajante.
- Y a mí tampoco me importa si tenes ganas.
- Por cierto, ¿cómo esta tu hijo?
- ¿Mi hijo? ... – dijo él olvidando la sesión anterior.
- Si, ¿ayer no dejaste la “charla” a medias por un accidente que tubo tu hijo?
- Cierto, veo que tu memoria es buena. – Acoto el de manera perspicaz.
- Lo es, lo es. Por cierto que si.
- Entonces si es tan buena decime que fue lo que paso en Creta.
- MMM, no lo recuerdo.
- Recién tu memoria era muy buena y ahora no recordas, ¿qué raro es eso?
- Son una chica rara.
- Sos una hechicera, ¿verdad?
- Si, no, bueno, ¿tal vez?, No lo sé, ¿vos que decís?
- ¿Importa acaso?
- Creo que tanto como lo que piensa un perro antes de morderte.
- Bien, dado que ahora tenemos doce días mas te vale que empieces a hablar, no puedo soportar la idea que te maten.
- ¿Pero no era eso lo que vos querías, no era por eso por lo que tanto luchaste?
- Si, pero me equivoque, ahora no quiero, y no te puedo ayudar a menos que me ayudes.
- No necesito tu ayuda.
- Soy el uno que te puede sacar de acá.
- Eso ya lo se, pero te repito que no necesito tu ayuda, en once días seré libre.
- No te entiendo, te juro que lo intento hace meses pero no puedo – dijo el desesperado.
- No me entiendes pero aun así estas enamorado de mí – dijo ella con dulzura.

El se removió en su silla, intento disimular lo obvio, lo rojo de sus mejillas, las manos sudadas, como el cuerpo lo delataba, pero fue en vano.

- ¿Quién dijo que yo estoy enamorado de vos? – le dijo como para escapar.
- Nadie, no lo necesito – remarco lo obvio ella.
- Pues no se de donde sacas esas estupideces.
- Vamos pensas que no me doy cuenta como me desnudas con la mirada. Como si pudieras me poseerías una y otra ves hasta caer rendidos los dos, te pensas que no me doy cuenta de nada, puede que me droguen para mantenerme controlada pero no soy estúpida mi instinto funciona perfecto.
- Yo... – no supo como seguir la frase.

Se levanto y salió apurado sin siquiera decir adiós.

Ella se relamía en su lugar, sabia que faltaba poco, muy poco y si movía bien las fichas todo saldría perfecto y seria libre otra ves, el precio no importaba, solo terminar con su trabajo, ya había perdido mucho tiempo y no podía perder mas.

- Te tengo, mi querido te tengo, no te imaginas lo que te espera, definitivamente ni te lo imaginas.

Esa era la anteúltima sesión que tenían puesto que al día siguiente ella seria ejecutada, o tal vez como ella decía ese seria el último día que estaría encerrada puesto que se escaparía en cualquier momento.
Para ser sinceros el Psiquiatra estaba bastante intrigado y a la vez intranquilo, con el correr de los días había aprendido a conocer a su paciente y había llegado a la conclusión que jamás sabría que había pasado esa noche en Creta, simplemente seria un secreto que ella se llevaría a la tumba, también comprendió que era en vano intentar sacarle algo de información personal, al parecer ella no tenia pasado, presente y mucho menos futuro, solo se limito a enamorarse de ella así como la conoció, sin saber nada pero sabiendo, teniendo la certeza que jamás sabría nada.
¿Se preguntaba una y otra ves si no habría sido eso lo que mato al muchacho aquel. ¿Se había acercado demasiado a ella?, ¿Habría descubierto algo que a el se le escapaba y por eso lo mato?, ¿Ella se habría enamorado de el y no puedo soportarlo? Demasiadas preguntas y ninguna respuesta, pero era igual, ya estaba resignado, sabia que no conseguiría nada presionándola así que decidió que esa seria la ultima y mejor sesión que hubieran tenido durante toda su relación psiquiatra-paciente disfrutaría con las locuras de ella, se reirían juntos y la pasarían bien y luego el se olvidaría de ella (o al menos eso intentaría) así que se preparo y fue a su encuentro sin mas demoras.
Ella se encontraba sentada pensando en los pasos a seguir, sabía que cualquier error de cálculo le costaría la vida, nada podía salir mal.
Lo había planeado todo, paso por paso, lo haría, lo que le diría, como lo miraría, como se movería, como lo incitaría, como modularía la voz, como respiraría, en fin, nada estaba librado al azar, cada segundo estaba planeado para hacerlo caer en sus garras.
Sin mucha dificultad se saco el chaleco de fuerza, ella descubrió como hacerlo desde el segundo día de su internación, se saco la remera y el pantalón que se quedo en ropa interior, arriba no tenia nada y abajo tenia una tanga diminuta color blanca.
Se preparo y espero, era cuestión de minutos para que llegue el, cuando llego ella estaba sentada con las piernas abiertas colgando del borde de la cama, y solo lo miro y le guiño un ojo para darle a entender que como esa era la ultima ves que se verían ella estaba a su completa disposición.
Él entro y se encontró con un espectáculo increíble verla como siempre la soñó era algo para lo cual el no estaba preparado y ella lo sabia.
El se extasío viéndola semi desnuda, la tanga apenas le cubría el sexo y eso lo éxito demasiado, quería poseerla en ese mismo momento en ese mismo lugar.
Ella tiro su cuerpo para atrás apoyándose sobre su espalda contra la pared y las piernas separadas sobre la cama.
El se debatía entre dar rienda suelta a su instinto o salir corriendo, sabia que ambas opciones acarrearían para el problemas demasiado graves, si abusaba de ella ( por mas que ella lo incito seria considerado como un abuso agravado por el hecho de ser ella una condenada a muerte y peor aun si se tiene en cuenta que le quedaba un día de vida) podría terminar en la cárcel y podría llegar a perder sus posesiones pero eso no era nada comparado con el hecho de saber que perdería a su mujer y a su hijo, lo mas seguro era que ella consiguiera que el juez le prohíba ver a su niño por degenerado y el sabia que si le prohibían verlo se volvería loco, terminaría recluido en ese mismo lugar donde el trabajaba y si salía corriendo le sacarían la matricula y lo inhabilitarían para poder ejercer su profesión.
Ella lo sentía, y lo disfrutaba, disfrutaba ponerlo mal, disfrutaba desesperándolo, provocándolo, seduciéndolo, manipulándolo, excitándolo, si fuera por ella lo llevaría a la locura entre sus piernas por el siempre placer de verlo hundido en la desesperación y la miseria, por que bien sabia que el problema no era tener sexo con el, el problema vendría luego y eso le agregaba mas interés al asunto.
Tal vez era la única manera que tenia ella de lograr que se acuerden de ella, o tal ves era pura perversidad, como fuere que sea ella no se molestaba demasiado en preguntárselo, solo se limitaba a disfrutar lo que hacia, tan simple y sencillo como eso.
Ella se mojo los labios de manera insinuante y dio comienzo a lo que seria la ultima actuación para el, vería si luego de lo que ella traía entre manos el podría seguir viviendo de la misma manera, si podría seguir con su vida, con su familia, con su cordura y su rigidez.
Antes que él pudiese tomar conciencia ella dio el primer paso y de manera sugerente le dijo:

­- Se lo que estas pensando... y lo que te estas preguntando y la respuesta definitiva es: Si, yo también tengo ganas, de hecho me muero de ganas por sentirte dentro mío, de poder besarte, acariciarte, morderte, gemir en tu oído, y muchas cosas mas – le dijo mientras le guiñaba el ojo de manera demasiado sugerente al notar la erección de el.

El no quería seguir pero a su vez se moría de ganas, eso no era nada para el y a su vez lo era todo.
Sabía que luego de eso no habría lugar donde esconderse.
Pero a su vez siempre había soñado con eso desde que comenzó su relación con ella y ella a su vez parecía querer lo mismo que el perseguía tal vez inconscientemente.
Lo medito un segundo, sintiéndose atrapado entre la lujuria y el deber se dejo caer en picada.

- Cuando quieras nena, te escucho – dijo el besándole la entrepierna.
- Si, si, si seguí, seguí – dijo ella gimiendo levemente.
- Estoy esperando a que me digas algo.

Ella miro impaciente sintiendo que su deseo se acrecentaba, sabia que era muy distinto el hecho de masturbarse sola como hacia cada noche en secreto a sentir un cuerpo nuevo haciéndola gozar.
Pero a su vez sabia que si delataba a sus cómplices seria mucho peor que estar encerrada o peor aun estar muerta, nada podría salvarla de ellos.
El se aburrió de esperarla y se incorporo y se alejo de ella para contemplara un momento y poder reacomodar su cabeza.

- Esta bien, esta bien, vos ganas, ¿qué queres saber?
- Todo.
- ¿Que es todo?
- ¿Para empezar quien era el chico?
- Creo que su nombre era... no lo puedo recordar, no tenia importancia.
- ¿Cómo lo elegiste?
- Me llegaron sus datos por mail.
- Creo que no comprendo.
- Me llegan los datos de los que tengo que matar por mail.
- Bien, y quien se supone que te los manda.
- No, lo lamento pero eso no puedo decírtelo.
- ¿Por que no?, El trato era ese, vos me decías todo y yo te regalaba el ultimo orgasmo de tu vida.
- ¿Cómo que él último?
- Si, digo... por si no te acordas mañana te van a ejecutar.
- Ah, si... cierto – dijo ella con cierta suspicacia.
- Ok, a ver si comprendo, me estas diciendo que alguien te manda por mail los datos de la víctima.
- Efectivamente – acoto ella algo aburrida queriendo acelerar los tramites.
- ¿Y por que él?
- ¿Y por que no?
- ¿Y por que sí?
- No lo sé, solo cumplí.
- Ok, llegaste, lo mataste y que paso después.
- No lo recuerdo, solo sé que lo siguiente que recuerdo de Creta es el cementerio.
- ¿Qué fuiste hacer en ese lugar?
- No lo sé, solo seguí un impulso.
- Y el ritual, por que te masturbaste sobre esa tumba.
- No lo sé, no lo sé, creo que era algo que ellos me habían pedido.
- ¿Ellos?
- Mis cómplices.
- ¿Ahora resulta que son varios?
- No lo sé, solo conozco una voz.
- Ha, entonces hablas con ellos.
- El o ellos no lo se me llaman al celular.- dijo ella al borde del llanto.
- Seguí – dijo el duramente
- Solo sé eso, él era una víctima, ellos me la marcaron y yo cumplí con mi parte del trato.
- ¿Trato?
- Si, trato, que ¿sos sordo?
- No, solo trato de comprender de lo que me estas hablando.
- Me da lo mismo
- A mi no.
- Bien, ¿qué más queres saber?
- Te juro que a esta altura no comprendo nada.
- Somos dos. Solo quiero sentir tu cuerpo junto al mío, no te pido nada mas, solo eso ¿es mucho pedir acaso?
- Créeme que por momentos sí.

- decime que me crees – le dijo ella.
- ¿Acaso importa?
- A mí me importa.
- ¿Por qué?
- No importa por que, solo importa.
- Jamás acepto una respuesta sin fundamento lógico.
- Solo decime si me crees o no.
- No.
- ¿Por qué no? Maldición.
- Simple mi querida niña, me suena muy extraño.
- ¿Qué cosa te suena extraña?
- El hecho que te mandaban un mail mandándote los datos de la víctima luego vos ibas y cumplías con el trabajo y ya, no se por que pero algo no me cierra.
- ¿Por qué si es la puta verdad?
- Por que no lo acepto, no acepto el hecho que sea así.
- ....
- No, compréndeme, todos los homicidios tienen su lógica y este no, no me entra en la cabeza.
- No sé que decirte, eso es todo lo que se, todo lo que paso, todo, todo, todo.
- No, sé que faltan partes del rompecabezas.
- No, no falta ninguna, esas son todas las que tenes que tener.
- Eso quiere decir que faltan piezas que supuestamente no tengo que tener – dijo el de modo irónico
- Si, no, bueno, si..., no, quiero decir que tal vez pero no te las doy por que no las tengo – decía ella trabándose

El se paseaba cada ves mas rápido por lo corto del cuarto, ella lo miraba desnuda aun con las piernas recogidas sobre el pecho, lo veía ir y venir, pero no se le ocurría nada para decirle, hasta que de pronto el le dijo:

- También esta el hecho que supuestamente sos una hechicera.
- Eso no es un supuesto, realmente lo soy – agrego con aires de ofendida.
- Si lo sos, hace un hechizo.
- Jaja, no es tan simple, no tengo los elementos, pero te prometo que antes que te des cuenta vas a ver el mejor hechizo de toda tu vida.
- ¿El mejor hechizo de toda mi vida?
- Si, como me oíste.
- Existe un pequeño problema.
- ¿Cuál?
- Jamás en mi vida vi un hechizo, más que nada por que jamás creí en eso.
- Bien, entonces tengo la ventaja de la primera vez.

El se alejo un poco para tener un plano entero de su cuerpo para ver si estaba bromeando o si se delataba con algún gesto, pero su cuerpo seguía firme sin moverse y su rostro no reflejaba nada.

- Como quieras
- Solo espera y vas a ver.

El se detuvo de pronto en su caminata como si hubiese recordado algo que venia buscando dentro de su mente hacia ya un rato largo pero no lograba dar con el.

- esta el hecho de tus socios
- ¿Mis socios?
- Si, los que te mandaban los datos por mail.
- No quiero volver a eso, ya esta, te dije todo lo que se.
- No, sé que sabes mas – dijo el neciamente.
- Bueno esta bien, te dije todo lo que podes saber de ellos.
- ¿Por qué no puedo saberlo todo?
- No te gustaría saberlo, créeme.
- Si quiero saberlo.
- Esta bien, pero no me importa no te voy a decir nada mas, si queres saber algo mas averiguarlo por tu cuenta.
- ¿No me vas a decir nada mas?, ¿Estas segura de eso?
- Si y es definitivo, es mi ultima palabra, ahora veni y háceme un poco de compañía. – Dijo ella abriendo las piernas para incitarlo a continuar en el mismo punto donde habían dejado.

Él la miro y no se pudo aguantar más y antes de darse cuenta esta sobre ella.
Sus jadeos lo ponían a mil, y sus uñas clavadas en su piel lo excitaban cada vez mas.
Ella lo besaba cada vez con más pasión y eso poco a poco lo estaba perdiendo en la lujuria.
De golpe ella estaba encima de el, subida a horcajadas de el, marcando el ritmo y la intensidad.

- Te quiero mas adentro, eso es todo lo que podes hacer – dijo ella entre gritos.
- Shhhhhh, no grites que nos van a descubrir.
- No me importa, no me importa nada.
- Pero a mi si.

Ella sentía su miembro dentro, sentía como sus músculos lo apresaban y lo soltaban, sentía como el placer poco a poco iba en aumento.
Sentía como la humedad de su cuerpo facilitaban la penetración.

- Para, para, quiero que me practiques sexo oral.
- Ahora.
- Si, me vas a decir que ahora no te animas.
- No, no es eso, es que me falta tan poco para acabar.
- Pero a mi no y quiero que lo hagas.
- Esta bien. – Dijo él sin mucha convicción.

Sin decir mas ella se bajo de encima de el y se recostó y el después de besarle la boca fue bajando por todo su cuerpo hasta llegar hasta su centro de placer.
Separo los labios y comenzó a jugar con su clítoris primero lo frotaba con la lengua y luego lo mordisqueaba suavemente y para que el placer sea mayor perdía primero un dedo y luego dos.
Ella gritaba, gemía, jugaba con el pelo de el para hacerle entender que lo que estaba haciendo le gustaba.
Sacudía su pelvis y la levantaba levemente rítmicamente.
El de tanto en tanto levantaba la vista y la miraba, y luego proseguía con su labor.
Cuando ella por fin llego al orgasmo aúllo de placer, se sacudió un poco y luego se quedo tranquila.
Luego lo beso y lo tiro contra la cama y agarro su sexo erecto, duro y comenzó lentamente a masturbarlo luego poco a poco lo besaba y luego directamente moridia suavemente al tiempo que seguía con su labor.
Cuando el no aguanto mas y acabo ella tomo su liquido vital y se subió otra ves sobre el.

- ¿Para que haces?
- Te hago el amor.
- Si, pero yo no puedo uno detrás del otro.
- No me importa vas a tener que poder.

Y sin darle tiempo a nada lo introdujo dentro de ella y otra vez empezó a moverse rítmicamente al compás de una música imaginaria.
Él besaba su boca, sus pechos, acariciaba sus caderas, se estaba perdiendo dentro de ella.
Cuando los dos acabaron ella mordió su hombro y se tendió rendida en la cama junto a el mientras lo acariciaba tiernamente, mientras el la besaba una y otra ves.

- Estas conforme – le pregunto.
- Realmente no, falta un poco – dijo ella algo cansada – descansa un par de minutos y seguimos.
- Yo, ya no puedo mas – dijo el extenuado.
- No me importa, si queres mis secretos tenes que pagar mi precio.
- No, lo se, ¿no lo pague ya?
- Solo dos cuotas, té falta aun un poco.
- ¿Lo podemos dejar para mañana?
- Mañana será tarde - dijo ella entre risas.
- Perdón – dijo el apenado- simplemente con el cansancio lo olvide.
- No importa, esta bien, ahora descansa que después viene lo realmente bueno – dijo y lo beso.

Descansaron un rato entre mimos y besos tendidos en la cama, todo transpirados y agotados.
Después de un rato, ella se incorporo y mirándolo le dijo:

- No me importa si estas listo o no, si descansaste o no, ahora me vas a dar lo que falta.
- No, para, dame un ratito más.
- No, ahora vamos a pasar a la fase final – dijo ella mientras agarraba el sexo de el.

Lo miro y sin decir nada comenzó a estimularlo otra ves, al principio el se quejaba pero poco a poco entro en el juego siguiendo el compás que ella le marcaba.

- ¿Vos querías saber algo de mi magia? – Dijo con algo de maldad en su voz.
- Realmente a esta altura me importa poco y nada. – Dijo entre jadeos.
- Oh, vamos me dirás que un poco de sexo y ya no te importa nada.
- No lo sé, no lo sé, solo seguí – pidió él.

Mientras lo estimulaba pensaba en que es lo que le diría, para poder proseguir sin mayores problemas.
Mientras el gozaba pensó hasta que por fin decidió decirle las cosas como eran.
Dejo de masturbarlo, lo beso y lo puso sobre ella, abrió levemente las piernas como para que el se pudiera acomodar y darle la impresión que el dominaba la situación.
El se acomodo y lentamente la penetro, ella gimió como para darle a entender que le estaba gustando lo que él hacia, cuando en realidad le daba lo mismo, su sexo era solo un instrumento mas para sus planes.
Siempre había podido dominar a los hombres de esa manera, rara vez se enamoro y cuando lo hizo las cosas terminaban muy mal, así que su corazón era un témpano de hielo.
Se movía siempre de manera sensual, con una estatura promedio y unos ojos tremendamente melancólicos que eran capas de hacer ceder al mas duro de los hombres, en cuanto a su cuerpo, estaba bien proporcionada, nada del otro mundo, pero tenia su encanto y su manera de hablar rompía mas de un corazón, era el arma perfecta.
Mientras el la penetraba ella pensaba que es lo que haría cuando saliera de ese maldito lugar.

- Esta bien, esto es lo que hacemos las hechiceras – dijo ella entre gemidos.
- Cállate, no me importa, no me desconcentres.
- No, vos querías saber, vas a saber por las buenas o por las malas.
- ¿Tiene que ser ahora mismo?, no puede ser mas tarde, ¿cuando terminemos los dos?
- No, tiene que ser ahora, antes que yo acabe.
- Vos habla que yo te escucho – dijo él entre jadeos.
- Esta bien, vos mientras seguí.
- Si, si, si, como sea.
- Veras para mi próximo hechizo necesito un psiquiatra calentón y mi cuerpo.
- Si, como sea – decía el sin prestarle mucha atención.
- Cuando el este acabando tengo que morderle la yugular y tomar su sangre y poco a poco tomar su forma así cuando yo alcance el orgasmo seré una doble idéntica a el.

El cuando escucho esto se detuvo en seco, ella temió que le haya prestado atención y no continúe pero a los pocos segundos el esta introduciendo su pene dentro de la vagina de ella, como si ella no hubiese dicho nada.
Cuando paso un rato el le dijo:

- Estoy acabando, no digas nada, déjame disfrutarlo.

Ella lo miro y supo que era el momento busco la yugular y la mordió, la sangre de el empezó a llenarle la boca y poco a poco ella fue tomando su forma.
Al poco tiempo ella tuvo un orgasmo y la mutación estaba completa, se paro, tomo la ropa de el y se vistió, salió del cuarto y camino por el pasillo como si nada hubiese pasado.
Antes que pudiese darse cuenta estaba otra vez en la calle, libre por fin luego de mucho tiempo, camino sin rumbo hasta que sonó el celular del psiquiatra:

- Hola, ¿quién habla? – dijo ella sobresaltada
- Adivina – le dijo una voz conocida.
- ¿Cómo carajo consiguieron este número?
- Nosotros podemos conseguir cualquier cosa.
- Si, lo había olvidado, ¿qué quieren?
- Tenemos un nuevo trabajo para vos y mejor que no te niegues por que sabes lo que pasara si lo haces.

Ella con resignación acepto y pidió los datos.

- ¿quien es esta vez?
- Es un chico, el hijo de un psiquiatra.
- Decime que no es el que me atendía a mí, es muy pequeño.
- Creo que si, pero supongo que el padre no será molestia para vos.
- No, lo acabo de matar, igual murió feliz.

Sin decir mas corto y se perdió nuevamente en el ocaso de la cuidad en busca de su nueva víctima.

Kershak McCoy julio 2006

Conjuro

Conjuro:

El miraba todo desde su cómoda posición, le divertía mucho ver esa pareja discutiendo bajo la lluvia torrencial.
Cuando ella se alejo de el auto, el no lo dudo y salió en su búsqueda, estaba mal visto según el que un macho deje que una mujer se moje bajo la lluvia.
Pero en el medio del camino volvió sobre sus pasos y se metió en la cocina y tomo un cuchillo.
Ni bien llego hasta donde estaba ella se ofreció a ayudarla.
Ella no se negó demasiado.
Y al poco tiempo estaban en la casa de el empapados y todo embarrados.
La chimenea ardía de manera muy sensual.
Y la ropa se secaba a un costado.

Silencio.

Recordó entonces un dialogo que tubo con su antigua novia poco antes de que todo el desastre se  coma la relaciono tan mágica que tenían.

-         ¿Bebe cuando me dirás que sí?
-         Ya te dije que no me apures, que cuando este lista te lo diré.
-         Pero ya pasaron 6 meses
-         ¿Y con eso que?
-         Es que no aguanto más.
-         Vamos solo un poco más.
-         ¿Cuánto es un poco?
-         Bueno un poco es un poco... ¿o para que carajo tenes las manos?
-         Pero estoy harto de eso...
-         Mala suerte nene, otra no te queda.

Silencio.

Escuchaba ruidos extraños en su casa y se mando si pensarlo.
Creyó que como mucho seria un ladrón, pero seria raro que estuviera en su cuarto.
Abrió la puerta de par en par.
Se horrorizo al ver tal espectáculo.
No podía creer que fueran las mismas personas.
No podía profanar su hogar de esa manera.
Las manchas por todo el lugar.
Era demasiado horrible como para que una sola persona pudiera soportarlo sola.
Quería llorar pero solo pudo vomitar.

Silencio.

Maldijo a su novia por dejarlo solo en el coche.
Bajo a buscarla y traerla de los pelos si era necesario.
Pero cuando estaba en mitad de camino cayo en un pozo y cuando levanto la vista la vio con otro tipo.
Derrotado y embarrado volvió al auto y puso primera.
Decidió que a partir de ese momento no volvería a cometer los mismos errores que cometió antes.

Silencio.

La tierra estaba mojada y hacia mucho frío.
Saco pacientemente sus cosas y poco a poco las fue acomodando para dar comienzo a la acción.
Movió los pocos artefactos y saco el cuchillo para cortarse la mano.
Después de la media noche dio comienzo en espectáculo.
La sangre manchaba la tierra.
Su cuerpo temblaba por las inclemencias del tiempo.
Decide seguir adelante ya no le quedaba tiempo para dudar o tener miedo.
Se maldijo por ser tan idiota, por cometer tremendo error.
Como pudo olvidarse los insectos, no daba crédito a su torpeza.
Por suerte en el suelo existían gran variedad.

-         lo único que me falta ahora es que justo los que me hacen falta no estén- se dijo para si mismo.

Pero todo marcho normalmente, luego de contar los siete truenos reglamentarios se dispuso a preparar su último truco, su truco mortal.

Silencio.

-         ¿Qué paso? – Pregunto desesperado.
-         ¿Cómo que paso?
-         Si, no comprendo que fue lo que hiciste. – ya no podía encontrar una explicación lógica
-         Yo, Yo Hice lo que vos me dijiste que haga.
-         Seguiste todos los pasos.
-         Te digo que sí.
-         Pero entonces no comprendo que salió mal. Al borde del ataque de nervios.
-         Bueno ahora no importa, ahora el tema es como lo solucionamos.
-         Como LO SOLUCIONARAS DIRAS. – Dijo sin hacerse cargo de la situación.
-         Ahora te vas a hacer el desentendido te recuerdo que fue tu idea.
-         Te recuerdo que eras vos el que se quería vengar – Dijo él en tono irónico.
-         Esta bien, esta bien, como sea-  dijo  resignado.
-         No, yo no quiero saber mas nada con todo esto.
-         Te lo pido por favor – dijo en todo de suplica.
-         NO y es mi ultima palabra – dijo él en forma tajante.
-         Ya lo veremos – dijo en tono enigmático – no te olvides que yo se demasiadas cosas que te pueden hundir definitivamente.

Silencio.

Alguien lo espiaba mientras estaba preparando la pócima, estaba escondido detrás de una de las lapidas mas altas y mas viejas, así que tenia la vista perfecta como para espiar sin ser visto.
De golpe algo toco su espalda y casi lo mata de un infarto.

-         Idiota te dije que no me sigas.
-         Perdón jefe, es que tenia miedo estando solo.
-         Ok, pero anda para el auto o lo vas a echar todo a perder.
-         Bueno, pero ¿le falta mucho?
-         ¿Qué sé yo?, ¿Cómo queres que lo sepa?
-         Por favor jefe deje este caso y volvamos,
-         ¿Estas loco?, Meses esperando, meses siguiendo, para que ahora que casi lo tenemos, deje todo por que a un idiota de casi dos metros que es un maldito cobarde le tiene miedo a la oscuridad
-         No es miedo a la oscuridad es solo que siento que algo malo va a pasar.
-         Vos y tus estúpidas paranoias.
-         Jefe sabe que no suelo equivocare.
-         Me da igual.

De golpe todo se volvió oscuro y su compañero había desaparecido al volver la luz de la luna.

Silencio.

Cuando despertó todo estaba oscuro, bajo rápidamente a la calle y vio que no quedaba nadie, algo le decía que eso era su culpa, pero no sabia muy bien por que, solo sentía que había dormido por demasiado tiempo y le dolía todo el cuerpo por eso.
Lo  primero que hizo fue buscarla a ella o a su hijo, pero en el lugar donde estaba su casa solo había un viejo altar arrumbado y unas fotos.
No puedo encontrar a nadie que le pudiese decir que paso, o que día era, que año, que época.
La oscuridad que reinaba era demasiado tenebrosa.
El comenzó a sentirse cada vez peor así que decidió volver a su casa para poder tirarse en la cama y pensar que era lo que estaba pasando, intentar dilucidar que fue lo que realmente paso.
Camino el camino de vuelta pero cuando llego al punto de partida su casa ya no estaba allí.
Era como si se hubiese equivocado de camino.
Intentando no perder la calma se dijo:

-         Debo haberme equivocado de camino.

Así que decidió volver a la casa de ella pero cuando llego no estaba ni la casa ni el viejo altar.
Era como si a cada paso que daba el anterior se borrara.
Desesperado dejo que la oscuridad lo cubra.
No se escuchaba ningún ruido, era todo un silencio sepulcral.
Sentía que estaba muerto.
Sentía que estaba vivo.
Lo sentía todo y no sentía nada.
Pensó que tal vez era el precio a pagar por su pecado.

Silencio.

Comenzó a sentir pena.
El tiempo corría anárquicamente para un lado y para el otro.
El miedo era algo que no le estaba permitido.
Pero aun así lo sentía.
Paga su crimen con la cabeza gacha.
Tierra de oscuridad y desolación.
De tanto en tanto algún que otro trueno con su respectivo relámpago rompían la aparente calma del lugar y gracias a los destellos se  podían divisar pequeñas criaturas agazapadas a la espera de una nueva víctima.
De golpe el fuego lo tapo todo y el dejo de estar lucido.

Silencio.

-         Para cuando lo estas esperando.
-         Si todo marcha como tiene que marchar para dentro de seis meses.
-         ¿Y como lo tomo él?
-         La verdad que me sorprendió.
-         ¿Por qué?
-         Realmente se alegro y lo tomo mejor de lo que creía.
-         Y bueno... es lógico.
-         ¿Lógico?, ¿Por qué decís que es lógico?
-         Vos sabes que una noticia así no se tiene todos los días.
-         Si... todo lo que quieras.
-         ¿Y entonces cual es el problema?
-         Que vos sabes lo en contra que estaba el de estas cosas.
-         Bueno pero ahora es distinto.
-         Sí... pero no sé hasta que punto.
-         Mira dale tiempo al tiempo.
-         No sé, algo me tiene intranquila.
-         Nena no seas pájaro de mal agüero, vas a ver que todo va a salir perfecto.
-         Ojala, pero realmente tengo mis serias dudas.
-         ¿Por él?, Dale tiempo al tiempo.
-         Realmente algo me suena mal.

Silencio.

Volvió al lugar de los hechos, aun la tierra estaba mojada, no podía creer aun que pudiese tener el valor para hacer algo así, pero las cosas estaban hechas y no había vuelta atrás a sus decisiones.
Pero no conforme con eso algo había salido mal y tenia que volver a hacerlo, pero teniendo en cuanta todas las variantes de la segunda ves.
No podía permitirse el lujo de volver a equivocarse, puesto que esta no solo correría peligro el, sino que también peligrarían el resto de los que lo rodeaban y vaya uno a saber cuantas personas mas.
Tomo su mochila una ves mas y asegurándose que nadie lo vigilaba empezó a preparar todo para dar comienzo al nuevo rito.
Todo en orden, la lluvia en su lugar, los relámpagos, el tiempo justo, semioscuridad y su mochila no necesitaba nada más.
Aspiro el frío aire de la noche y dio comenzó al tan temido final.

Silencio.

Se dio vuelta y vio que su compañero ya no estaba, el preparaba su pócima y no podía dejar de vigilarlo bajo la pena de perder el puesto que tanto le había costado conseguir.
Lo medito un segundo y se marcho en busca de su compañero.
Lo encontró muerto en una de las bóvedas que estaban a un par de lapidas donde se encontraba.
El cuerpo brutalmente destrozado.
Las puertas abiertas de par en par y en una tumba una línea, un simple mensaje:

Huye ahora, huye ahora que aun puedes, luego será demasiado tarde, el final esta cerca.

De mas esta decir que volvió al punto de partida, pero el ya se había marchado.
Solo sus huellas en la tierra fresca y un frasco vacío quedaron como únicos testigos que el horrendo crimen que se había cometido esa noche en ese lugar.

Silencio.
-         No quiero que lo vuelvas a hacer
-         ¿Pero si no lo hago no podemos vivir?
-         No sé... no me importa
-         Nunca te importo de echo
-         Idiota, no te das cuenta de nada.
-         Si, si entiendo, lo preferís a el que a mi
-         ...
-         Él tiene toda la plata y yo soy un pobre diablo
-         No tiene nada que ver eso
-         Vos sabias que yo era esto cuando nos conocimos.
-         Si, y te acepte como lo que sos.
-         Bueno... vasta me voy que sino va a ser peor.
-         Pénsalo... si volver a robar me perdes para siempre
-         Eso no es cierto, no te animarías.
-         Si y no solo a mi me vas a perder.
Y dicho esto el se dio media vuelta y se fue de la casa para perderse en la fría madrugada invernal.

Silencio.

El policía siguió buscándolo a través de sus pisadas y lo encontró sentado en un viejo monumento unos metros mas allá de donde había hecho el conjuro.

-         Quieto, esta detenido.

El levanto la vista y entre la penumbra lo vio.

-         Oficial, ¿de que me acusa ahora?
-         Lo vengo siguiendo hace un par de meses.
-         Aja
-         Queda detenido por robos y atracos varios
-         Pero bien sabe que no tiene pruebas
-         Eso es lo que usted cree
-         Se que no las tiene.
-         Puede ser, pero ahora se que esta cometiendo algún tipo de crimen.
-         ¿Quién yo?
-         No mi abuelo.
-         Ah su abuelo no sé, yo vine a dejarle unas flores a una hermana.
-         Mire no se bien que es lo que estaba haciendo pero se que cuando los forenses  investiguen los elementos de su mochila bastara para encerrado por un tiempo así que andando.

Dicho esto le apunto con el arma y le ordeno darse vuelta para ponerle las esposas.
Una ves hecho esto lo arrastro a los empujones por todo el largo pasillo que comunicaba con la salida pero al pasar por una de las lapidas sintió que algo le cortaba la garganta, inútilmente intento cubrir su herida a los pocos segundos estaba muerto en el suelo.
El se dio vuelta para ver que era lo que lo estaba salpicando y cuando vio al oficial muerto en el suelo apenas tubo tiempo de reaccionar a las llaves que volaban hacia su mano.
La voz que venia de las sombras era clara:

-         Mira pendejo es la ultima ves que té salvo.
-         ¿Quién me habla?
-         ¿Superman tal ves?, Aunque a mí me gusta mas Batman.
-         ¿Iván?
-         Si idiota, soy yo.
-         ¿Pero que haces acá?
-         Viene a ver que no te mandes ningún moco.
-         Veras que no.
-         Mira mejor me callo.
-         ¿Siempre tan mal humorado vos?
-         Sácate las esposas y tomate el palo.
-         Ok
-         Mañana hablamos.

Dicho esto se perdió entre las tumbas, el sabia que con Iván no podía jugar, sabia que era peligroso y que lo que se venia no seria muy agradable.

Silencio.

Encontraría a gusto en aquel enorme palacio de estilo antiguo y melancólico.
Entro medio desconfiado sorteando a los perros, aquellos que tanto detestaba, por alguna extraña razón le daban miedo pero todo sea por ella.
Entro y se acomodo en el gran y antiguo sillón que le indicaron, al poco tiempo ingreso el padre y la madre junto con ella:

-         Bueno Vera que era lo tan importante que tenías para decirme.
-         Papa, Mama les presento a Jorge
-         Y ¿él es? – Dijo la madre sin salir de su sorpresa.
-         Bueno él les contara mejor que yo, ¿No es así amor?
-         Si...., bueno...., supongo que si... – dijo comenzando a transpirar, odiaba toda esa farsa pero sabía que era necesaria.
-         Bien, ¿qué tiene para decir señor...., como era su gracia?
-         Jorge.
-         Sí.  Cierto es eso.
-         Sí.
-         Bien hable que no tengo todo el día.
-         Bueno... yo venia a.... – los nervios  lo estaban matando.
-         Mira vos que sujeto este, la juventud  esta perdida están todos estúpidos – decía con demasiada seguridad y soberbia.

Esto le dio tanta bronca que de una se lo escupió en la cara, mas que nada para sacarse el tramite de una maldita ves y no tener que estar mucho mas tiempo en esa casa que le daba escalofríos.

-         Mire yo vengo a pedirle la mano de su hija en matrimonio.
-         ¿Usted viene a que...?- estupefacto no daba crédito a sus oídos.
-         Ya me escucho maldición, no se lo repetiré.
-         Bájate del caballo nene, tranquilo que le estas hablando a un señor respetable no a la escoria con la que seguramente te soles juntar, malditos drogadictos, y vos Vera a ver con quien te juntas, que después terminas siempre en la comisaría, yo no te voy a sacar nunca mas.
-         Pero papa...- protesto ella.
-         Oiga señor, ¿su respuesta es sí o no?, Que como usted dice no tengo todo el día.
-         Míralo vos al mocoso este, la respuesta mas que definitiva es NO.
-         ¿Por qué no?
-         Jamás dejaría que se casara con un muerto de hambre, un drogadicto, en fin un tipejo como vos.
-         Ok, no me deja más que tomar acciones drásticas.
-         Mira el miedo que te tengo.

Mirándolo con superioridad le dijo:

-         Créame que debería.
-         Querida hace que seguridad saque a esta escoria de mi casa y en cuanto a la nena que se le corten los beneficios, me tiene cansado.

Cuando Jorge escucho esto, saco el arma y le apunto a su futuro suegro.

-         Oime vos, señor respetable creo que tengo una amiga que te va a hacer cambiar de idea.
-         Esta bien, no era necesario llegar a tanto, si yo solo estaba bromeando.
-         Si me imagino.
-         Si, ni lo dudes, te estaba probando a ver si tenías carácter como para casarte con mi hija.
-         Sí, ¿cómo no?
-         ¿No querida que lo estábamos probando?
-         ....
-         vamos querida decile al señor
-         Si, es cierto – dijo la madre escondida detrás de un jarrón de porcelana china de la dinastía Ming – ahora por favor baje el arma.

En ese momento irrumpió seguridad en el salón.

Silencio.

Caminaba rápido, prendió un cigarrillo y dio la primera pitada de la noche.
No sabía bien a donde ir, sabia que su amigo era solo una ilusión.
Pensó que tal vez podría ir a lo de su ex novia pero luego pensó que tal ves ya no existiría.
La lluvia caía suavemente, muy tenue, lamento que todo hubiese sido así.
Se detuvo en un esquina, metió la mano en su mochila, toco los elementos, y de golpe sintió demasiadas ganas de llorar, pero por pudor se contuvo.
El error ya se había hecho, nada podía volver atrás el tiempo.
Intento prender es cigarrillo que se le apago por la lluvia y luego de varios intentos desistió.
Doblo por la derecha y camino hasta su casa, sabia que era un poco lejos pero necesitaba despejarse y no conocía otra forma mejor, así que con resignación emprendió el largo viaje.

Silencio.

Al otro día llego temprano a lo de Iván, sabia que las cosas se pondrían cada ves peor y no se equivoco.

-         Me podes explicar que fue lo que paso.
-         No sé, estaba terminado todo y de golpe apareció ese tipo.
-         ¿No te dije que tengas cuidado?
-         Si, pero te juro que lo tuve
-         Si, eso párese ¿No? – Agrego irónicamente.
-         No seas malo, después de todo, fue tu idea.
-         ¿Mi idea, mi idea, vos me estas tomando el pelo no?
-         ¿Qué sé yo?, ya me canse de todo esto.
-         Si, pero vos sabias bien en lo que te metías.
-         Si, no, bueno, tal ves.
-         Mira, no me jodas.
-         No te jodo.
-         Deja de portarte como un estúpido.
-         Eh... no insultes.
-         Entonces no te portes como un estúpido.
-         Decime que hago ahora.
-         No se, déjame pensar, por ahora guárdate unos días y no te mandes ningún moco mas por que sino el que te va a matar soy yo, ¿se entiende?
-         Si papa – dijo el en tono burlón.
-         Ahora tómatelas, salí de mi vista antes que me arrepienta.

Silencio.

Iván volvía por los pasillos del cementerio cuando un sonido llamo su atención, parecían jadeos, pensó en seguir de largo pero su curiosidad pudo más y se dirigió al lugar de donde provenían los extraños sonidos.
Cuando al panteón la vio a ella, tan linda como siempre, tan enigmática como de costumbre pero esta vez estaba totalmente desnuda y para colmo se estaba masturbando.
Disfruto del espectáculo mientras se fumaba un cigarrillo escondido observándola, cuando ella acabo y se vistió para salir del lugar el le fue al cruce interponiéndose entre ella y la salida.

-         Raro verte por acá a estas horas.
-         ¿Vos?, ¿Qué haces?, ¿Cómo me encontraste?
-         Si yo, salvo a un amigo, va a un idiota que estoy ayudando, fue simple con el ruido que estabas haciendo solo tuve que seguir tus gemidos y di con vos, ¿simple no?
-         ¿Cuánto viste?
-         Pues ya estabas desnuda y en plena actividad.
-         Me quiero morir, que vergüenza.
-         Mira si te queres morir este es el lugar indicado, pero no seas tan cruel con vos misma el espectáculo fue aceptable.
-         ¿Aceptable?, Vamos, siempre me tuviste ganas.
-         Cierto es eso, pero té estas poniendo aburrida, ahora ya no usas las cosas que usabas antes.
-         ¿Usaba antes?, ¿Qué usaba antes?, ¿de que hablas?
-         Vos sabes, los juguetes que usabas para estos menesteres.
-         Te voy a matar, sabes que te quiero matar hace tiempo.
-         Si, pero vos sabes que tus jefes no quieren que lo hagas.
-         Un día de estos los voy a mandar a la mierda y voy a desaparecer.
-         Mira, termina de vestirte y vamos, la policía esta por llegar.
-         Ya se enteraron del chico que murió.
-         No se de que hablas, pero supongo que seria mas por los dos que yo mate hace un rato.

Dicho esto salieron del lugar y se perdieron en la noche.

Silencio.

-         no comprendo por que paso esto.
-         Simplemente paso
-         ¿Cómo que simplemente pasó?
-         Y si… paso – dijo ella aburrida.
-         Ha ya comprendo me estas jodiendo.
-         No, para nada – decía entre bostezos.
-         Si, es eso.
-         ¿Qué no entendes del no?
-         Ahora no entiendo bien por que siempre me haces esas jodas.
-         ¿siempre?
-         Digo, vos sabes lo que me pasa con vos.
-         Si, pero ya no me interesa.
-         ¿alguna vez lo hizo?
-         Creo que no.
-         Si… siempre lo supe – dijo el con resignación.
-         Bueno – acoto ella mirando para otro lado.
-         ¿me odias no?
-         No, al contrario, te quiero demasiado.
-         Entonces esto no tiene sentido.
-         ¿Por qué no?
-         Por que no.
-         Vamos, sabes que siempre fuiste un simple juego para mi.
-         ¿perdón?
-         Querías la verdad, bueno esa es la verdad.
-         No puedo creerlo.
-         Me da igual, ahora me voy, el me esta esperando.
-         No… no te vallas.
-         Si, chau esto no da para más.

Y sin mirar atrás se fue dejándolo solo con miles de preguntas y una furia creciente.

Silencio.

-         Hola Iván.
-         ¿Quién habla?
-         Yo, boludo ¿Quién va a ser sino?
-         ¿Qué queres?
-         Te acordas de lo que me contaste?
-         ¿Qué de todo?
-         Lo del conjuro.
-         Si ¿Qué tiene?
-         Bueno estoy interesado.
-         Aja
-         ¿Qué queres a cambio.
-         Nada por que no te lo voy a decir, sos demasiado peligroso con eso.
-         Dale.
-         No.
-         Dale.
-         Te dije que no.
-         Mira voy para allá.

Dijo y corto saliendo para su casa.

Kershak McCoy 200 Mayo 2006

Alguien en Creta

Alguien en Creta:

Su paso era firme, decidido. Un pie y luego otro.
Era como si una fuerza ajena a el lo estuviese guiando a su inexorable destino.
No tenía prisa pero no se detenía ante nada ni ante nadie, es por eso que mas de  una ves estuvo a punto de ser atropellado.
Las calles pasaban una tras otra, los mismos edificios, las mismas caras, conocía cada baldosa de memoria como la palma de su mano.
A medida que los metros se acumulaban y se acortaba la distancia, su corazón se aceleraba.
La sien le palpitaba cada vez con más fuerza y ya comenzaba a sentir que le faltaba el aire.
Siempre le pasaba eso cuando estaba muy nervioso o bien cuando estaba muy excitado.
Poco a poco se tranquilizo, se dijo a sí mismo que era un día como cualquier otro, pero sabia bien que desde que se despertó esa mañana nada seria igual.
Odiaba su cumpleaños, puesto que jamás tenía lo que quería, lo único que pedía desde que tenía memoria, pero jamás se cumplía su deseo.
Odiaba la hipocresía de la gente deseándole felicidades y que la pase bien al tiempo que se cumplían sus deseos en ese día mientras en el resto del año no les importaba si estaba vivo o si se moría.
El sol estaba en su cumbre, era el medio día, detestaba tanta luz, pero quería ir a ese punto específico, el oasis en medio de la ciudad.
Llego, se sentó, miro la cúpula que siempre le llamaba la atención, de noche tenia una luz violeta que amaba tanto, se prendió un cigarrillo y dejo que el tiempo transcurriese normalmente.
Cuando cayo la noche ella llego puntual como era su costumbre, aunque no tenían una cita real, ella sabia que lo encontraría allí en ese momento, solo que lo encontró un año mas viejo pero para su fortuna casi ni se le notaba, tal ves solo en los rasgos y los movimientos pero nada mas.
Ella se sentó en el banco que estaba junto al de el y simplemente lo observo un par de largos minutos, el ni se inmuto.
La gente pasaba, seguía su camino, de tanto en tanto lo miraba y luego hacían algún comentario entre ellos pero nadie se detenía, tal ves era como el pensaba, no valía la pena.
De golpe suena el celular de el:

-         Hola
-         ( ruidos del otro lado de la línea)
-         Hola... hola.
-         ( Ruidos del otro lado de la línea)
-         Hola... ¿quién habla?
-         Hola... ¿me escuchas?
-         Medio medio, ¿quién habla?
-         Yo.
-         ¿Quién es yo?
-         Sebastián.
-         Ha... ¿qué queres?
-         Nada... te llamaba por tu cumpleaños.
-         Ok, No estoy, chau.

Cortó y siguió pensando en sus asuntos.
Ella no dejaba de mirarlo, analizándolo, esperando el momento indicado para abordarlo.
Tenia todo el tiempo del mundo en cierto sentido y en otro la corrían los segundos, sabía bien que antes de la media noche su trabajo tenia que estar terminado de una ves y para siempre.
En eso el la vio, se dio vuelta inocentemente para preguntarle algo:

-         Disculpe señorita, ¿tendría hora?
-         Son las 22.40
-         Ya las 22.40, como pasa el tiempo de rápido.
-         ¿Perdón, me habla a mí?
-         Si, no, si, bueno... en realidad no, solo estaba reflexionando en vos alta.
-         Ha ¿y que tiene de especial esta hora?
-         Es solo que me recuerda algo
-         ¿Algo como su cumpleaños?
-         ¿Com... – se aclaro la garganta- cómo sabe eso?
-         Jaja, ¿es que acaso no me recuerdas?, ¿tan rápido me has olvidado?
-         Realmente deberá disculparme pero no la recuerdo.
-         Tanto que me llamaste y ahora no me recuerdas, vaya paradojas de la vida.

El por primera ves noto su belleza, el vestido negro pegado al cuerpo, haciendo juego con sus ojos pálidos que denotaban tristeza y le conferían a su rostro un aire de melancolía imposible de resistir.



Ella ni se inmuto, no le importaba mucho, o tal ves si, pero no lo quería admitir.
El siguió perdido en sus ojos, sin poder articular palabra hasta que sonó otra ves el celular, lo tomo entre sus manos y casi sin prestar atención le dijo.

-         me tiene harto, lo voy a apagar
-         Por mi no hay problema.
-         Si... bueno, igual lo tengo que apagar.

Lo apago y se acerco un poco más a ella.
Ella le sonrío y lo dejo acercarse poco a poco, pues era parte de sus planes que el reaccione de esa manera, le resultaba tan predecible a pesar de los esfuerzos que el hacia por demostrar lo contrario.
Ella miro la hora y se dio cuanta que era el momento justo para comenzar con el final de la historia.

-         ¿Por qué viniste?
-         Estoy escapando
-         ¿De quien?
-         Supongo que de mí mismo.
-         Jaja, mírate, tu que siempre corriste en pos de ayudar a los demás
-         ¿Qué?
-         Mírate ahora, quien te ayuda a vos.
-         No lo se, supongo que nadie.
-         Vamos, dime algo que no sepa.

El no daba crédito a lo que estaba escuchando, ella parecía saber todo lo que el pensaba o sentía.

-         Dime que buscabas cuando dejaste tu vida de lado
-         Ayudar.
-         ¿Ayudar a quien?
-         Al que lo necesitara.
-         Y vos, ¿vos donde quedaste en esa lista?
-         Supongo que no entre.
-         Me das pena.
-         ¿Yo?, ¿Por qué yo?
-         Vamos, si vas a preguntar estupideces me voy.
-         A parte, quien te dio confianza como para hablarme en ese tono.
-         Vos, vos me llamaste, vos me citaste.
-         Yo, eso es una tontería.
-         ¿Lo es?
-         Yo n siquiera se quien sos.
-         Si, si lo sabes, solo que te da demasiado miedo admitirlo.

El se resistía y a ella se le agotaban los minutos tenia que acelerar los tramites o no podría cumplir con su objetivo y su jefe se enojaría demasiado, sabia que estaba en capilla por haber fallado antes, no se podía dar el lujo de volver a equivocarse.
La noche se volvía cada ves mas fresca y comenzaba a caer una lluvia finita de esas que mas que mojar molestan y ella estaba demasiado desabrigada por el que el generosamente le dio su abrigo.

-         Ves lo que te digo.
-         ¿Qué?
-         Siempre es lo mismo.
-         ¿Lo mismo que?
-         Ni siquiera sabes quien soy "supuestamente, según vos" y me das tu abrigo.
-         Discúlpame pero a pesar de todo soy un caballero.
-         Ja ja, que gracioso, un caballero en esta época.
-         Sí, ¿por qué no?
-         Los cabellos murieron hace demasiado tiempo.
-         Culpa de mi madre, ella me educo así.
-         Aja, a ver... ¿cuántos años tenes?
-         Bueno si tanto sabes de mí como decís saber, eso ni se pregunta.
-         Ok, veintitrés.
-         Mierda.
-         Pensé que los caballeros no decían malas palabras frente a las damas.
-         Discúlpame se me escapo.
-         Esta bien... lo voy a pensar.
-         No, enserio discúlpame.
-         No se, no se, decime que hora es.
-         Son las 23.30
-         Maldición

Se dio cuenta que la media noche se acercaba demasiado rápido, apenas le quedaban escasos treinta minutos para cumplir con su meta.
Tenia que ponerse un poco más agresiva o el se escaparía.

-         decime, vos que ayudaste tanto, ¿conseguiste encontrar lo que buscabas?
-         Sí... no... en realidad... no
-         Aja
-         Pero supongo que es más que nada por que no buscaba nada.
-         Eso no es cierto, detrás de cada persona que ayudaste existía una búsqueda personal.
-         No – dijo el furioso- eso no es cierto.
-         Si lo es – dijo ella con tranquilidad-  por más furia que le imprimas a tus palabras.
-         Si me vas a acusar de algo así dame pruebas.
-         Por ejemplo: la chica con problemas de drogas, la chica del aborto, el flaco que lo perseguían para matarlo, el que corneaba a la mujer, la chica de la que te enamoraste y te rompió el alma, todos ellos fueron una búsqueda personal, eso por no contar a todos los depresivos, maníacos y un largo etc.
-         ¿Cómo la chica que me rompió el alma?, nadie me rompió el alma, vos me ves roto.
-         Tu ropa esta sana, pero tu cuerpo y tu alma están demasiado desgarrados.
-         No... eso no es cierto – grito el ya más desesperado que tranquilo- no puede serlo.
-         Si lo es... es mejor que lo aceptes.
-         Jamás – se negó- jamás aceptare eso.
-         Déjame ayudarte, deja que me beso te ayude a recordar.

Su beso le abrió la cabeza, fue como ver toda la creación del universo en un solo segundo, fue demasiado, él sé hecho a llorar, no podía soportarlo.
Ella parecía disfrutar la situación, sabia que lo tenia dominado, que ya pasara lo que pasara seria inútil que intentara escapar, el ya estaba jugado, solo era cuestión de darle el toque final.
-        
-         Ahora voy a volver a preguntarte: ¿qué buscabas?
-         Que me quieran, que me respeten – Dijo él con la vos cortada por las lagrimas- que alguien me ame
-         Ahora me gusta más.

Ella se acerco para abrazarlo pero el se la saco de encima violentamente, no quería saber nada con nadie.


-         Vamos déjame ayudarte, después de todo tu me llamaste.
-         Maldita seas  ya no se como decirte que no se quien sos.
-         Si, si lo sabes, de hecho vos estas perdidamente enamorado de mí.
-         Puede ser.
-         Si lo es, créeme.
-         Pero como puedo amar algo que conozco.
-         Es que si me conoces.
-         No creo...
-         Mira te voy a preguntar algo... en el día de hoy ¿hubo algún momento bueno?
-         Si, solo uno.
-         ¿Enserio?, ¿Cuánto duro?
-         Dieciocho minutos.
-         Ok, ahora estas conmigo.
-         Esta bien.

En eso sonó el celular de ella:

-         te quedan solo cinco minutos
-         Esta bien.
-         Más te vale que no falles.
-         Tranquilo, no lo haré

Corto y volvió a lo que estaba haciendo, volvió a prestarle toda su atención a el.

-         ¿En que nos habíamos quedado? – Dijo ella haciéndose la distraída.
-         Ya no lo sé.
-         ¿Vamos me dirás que ese beso te dejo fuera de combate?
-         No, no es eso.
-         ¿Entonces que es?
-         Es que de golpe tuve una visión de algo que paso hace tiempo.
-         ¿Ella, verdad?
-         ¿Ella?, ¿Quién ella?
-         La chica a la que le propusiste matrimonio, la misma que te dejo plantado en el altar.
-         Sí ella – Acoto él con lagrimas en los ojos.
-         Se que te estas preguntando algo, formula la pregunta y tal ves tan solo tal ves pueda responderte.
-         No, no tengo preguntas
-         Sí, sí los tenes.
-         No, en realidad es mas bien una certeza
-         Jaja, una certeza, ¿vos? , no te creo.
-         Si lo es.
-         Veamos cual es, decimela.
-         ¿Para que?
-         Por que me interesa, me interesa todo lo que tiene que ver con vos.
-         No es cierto, no me conoces.
-         Te conozco mejor de lo que crees.
-         Ha cierto, con eso que yo te cite acá y toda esa cosa – Decía el irónico.
-         ¿Irónico en señor?
-         No, solo que no me cierra.
-         En fin... te lo voy a decir una sola vez para que lo comprendas, si podes bien, sino mala suerte para vos, ¿soy clara?
-         Si... supongo – Dijo sin mucha convicción.
-         Ok, te lo pregunte por que todo lo que tiene que ver con vos me interesa.
-         Sí eso ya lo sé.
-         Déjame terminar.
-         Perdón.
-         Vos me interesas.
-         ¿Yo?
-         No, el tipo que paso recién.
-         Pero si recién no paso nadie.
-         Sí, vos tonto.
-         Mierda.
-         ¿Qué?
-         Me acabas de tirar mi certeza al carajo.
-         ¿Por?
-         Por que yo creía que era tan feo que jamás nadie se interesaría en mí.
-         Lo ves,  te equivocaste.
-         Una mancha mas que le hace al tigre.
-         Jaja
-         Pero algo tengo por seguro.
-         ¿Qué cosa?
-         Que si te propongo matrimonio me dirás que no
-         ¿Seguro?
-         Sí.
-         Inténtalo.
-         ¿Para que?, Estoy harto que me reboten.
-         Solo inténtalo, ¿puede ser'
-         Ok, Seas quien seas ¿te queres casar conmigo?
-         El 13 de junio será ese día... a las 22.40 Para que sea este día realmente importantelo haré con propósito. Cuando tu vida y la mía se entrelacen al fin, no preguntes por que ni como,vos ya  tenes la respuesta. Quiero vivirte a lo máximo... encontrarme en la mirada de tu alma,reflejada...  como siempre... por el resto de mis días. Acepto casarme con vos en Creta, sí estas de acuerdo.

Y besó la lágrima derramada por su ojo izquierdo.

-         ¿Hablas enserio?
-         Como jamás antes lo he hecho.
-         No lo puedo creer. – atino a decir emocionado.
-         Ahora dime una cosa
-         Lo que quieras.
-         ¿Que hora es?
-         Son las 23.57
-         Perfecto.
-         Ahora dime algo
-         Lo que quieras pero antes sellemos esta unión con un beso, ¿quieres?
-         Obvio.

Ella se le acerco  y se sentó a horcajadas sobre el y sin dejarle decir nada mas se fundieron en uno solo en un beso tan apasionado que hizo temblar la tierra.
Al principio él sintió que el mundo se abría, sentía que viajaba a miles de kilómetros de distancia a una velocidad vertiginosa.
Pero de golpe sintió que algo le mojaba la garganta, sentía como el liquido corría por su pecho, al principio fue algo frío pero luego el liquido se volvió cada ves mas caliente.
Cuando pudo ordenar su cabeza para comprender lo que veía, ella estaba sobre su garganta lamiendo su sangre, al poco tiempo la vio levantarse y lentamente se alejaba por la avenida que estaba paralela a Creta.
El solo intento llamarla pero su voz ya no estaba.
Ella se fue sin mirar atrás.

Sonó de golpe su celular.

-         ¿Cumpliste nena?
-         Si, como te había dicho.
-         Genial
-         ¿Sabes algo?
-         ¿Que?
-         El idiota fue más simple de lo que criemos.
-         Viste, vos que decías que se complicaría.
-         En fin...
-         Si, bueno como sea.
-         ¿Tenes a la próxima víctima?
-         Si, te mande los datos por mail.
-         ¿Crees que se complique mucho?
-         No, creo que va a ser más simple que este.
-         Más te vale.
-         Vos tranquila, confía en mí, te digo que es simple.
-         Genial, ahora me voy a dormir, este tipo me agoto.
-         Ok, nos vemos mañana.
-         Nos vemos, besos.
-         Beso.
-         Chau.

Dicho esto se perdió en medio de la madrugada invernal.
El cuerpo de el quedo tirado en la plaza, nadie lloro su muerte, su cuerpo se pudrió en el mismo lugar que fue dejado, después de todo el solo fue alguien en Creta.

Kershak McCoy 13/06/2006 22:40 PM