Manicomio:
Ella estaba encerrada en un cuarto blanco su vestimenta era solamente un traje blanco al tono y tenia un chaleco de fuerza que le inmovilizaba los brazos.
En el cuarto solo tenia una cama que estaba apenas cubierta por una sabana haciendo juego y el acolchado de las paredes que también era blanco.
Estaba lucida por que tenia cita con el psiquiatra en un ratito, era por eso y solo por eso que no la habían drogado como hacían siempre para mantenerla controlada.
Cuando abrió los ojos noto que se abría la pesada puerta que la mantenía cautiva entre esas paredes hacia ya mas de un año cuando paso el incidente que derivo en esas tres muertes.
Ella lloro ante el jurado (lagrimas falsas claro esta) que ella no había sido, que le habían tendido una trampa, y mil argumentos mas, pero de nada le sirvió, el jurado determino que tenia que estar encerrada de por vida en ese manicomio sin posibilidad de salir, de nada sirvió que ella los amenace con matarlos uno por uno, ellos determinaron eso y su decisión fue firme y permanente.
El psiquiatra entro puntual, al medio día, vestía un pantalón negro con un saco al tono y un guardapolvo blanco que contrastaba notablemente con su vestimenta y su pelo.
- Hola señorita son su Psiquiatra
- (ella no daba signos de prestarle atención)
- ¿Señorita me escucho? – dijo el aclarándose la garganta
- ¿Por qué las moscas hablan ese dialecto tan extraño? ¿Será para que no las pueda comprender?
- Señorita según su expediente aquí dice que usted es hechicera.
- Aja
- Yo no creo en esas cosas
- Debería
- ¿Por que?
- Solo le diré que debería.
- ¿Me va a hechizar acaso?
- ¿Y quien le dice que ya no lo he hechizado?
- ¿Perdón?
- Creo que si un perro me muerde me convierto en una loba.
- Ok, pasemos a otro tema
- El otro día pensaba que si salto de la ventana podría llegar a Júpiter.
- Hábleme de su familia, ¿Había más magos o hechiceros en ella?
- No, no quiero hablar de algo que no existe
- ¿Cómo dijo?
- Si, como escucho, no existen.
- Si existen, de hecho si mal no tengo entendido su padre es un importante empresario y su madre una reconocida filantropista y su hermano es un reconocido jugador de rugbie.
- Eso no es cierto – grito ella
- Si lo es, por más que le moleste.
- Ellos no existen, ellos testificaron en mi contra, ellos traicionaron a su especie... a su única hija.
- Ellos prefirieron encerrarte aquí a perderte en una cárcel.
- Ellos me tienen miedo.
- ¿Miedo?
- Ellos me crearon y ahora me quieren destruir.
- A ver cuénteme eso.
- Oh doctor por favor no sea idiota.
- No me falte el respeto
- Yo hago lo que quiero.
- Por eso esta como esta.
- Jaja, ¿eso es lo mejor que tiene?
- Empiezo a comprender, le advierto que no voy a entrar en su juego.
- No doctor, no se confunda, desde que entro a este cuarto, usted perdió el juego, por así llamarlo.
- Basta, no lograra nada.
- Ya veremos – dijo ella con tono enigmático.
- Dígame que me puede decir de lo ocurrido en la plaza.
- Creta
- Ha esa plaza
- Si esa, la muerte de ese chico, el hechizo en el cementerio
- Usted esta loco, sabe, muy pero muy loco.
- Puede ser, pero soy el encargado de hacer que usted pague por lo que ha hecho.
- No le tengo miedo doctor, ni a usted ni a nadie.
Dicho esto se dio media vuelta y dejo de hablar con el psiquiatra por el resto de la sesión.
El doctor al ver que no obtendría mas cooperación por el día se marcho sin decir nada más.
Habían pasado ya unos cuantos meses desde aquella primera entrevista con ella y el psiquiatra no lograba encontrar fisura alguna en lo que ella decía, todo le cerraba perfectamente o mejor dicho nada cerraba y era por eso mismo que cerraba a la perfección, no había duda ella estaba rematadamente loca.
Por mas que buscaba, por mas que lo intentaba no lograba hacerla confesar, hacerla contradecirse o mejor dicho ella era una contradicción constante por tal era como si no lo fuera.
Ese día entro decidido a terminar con esta locura, quería que ella le digiera que había sido ella la que mato al muchacho, la que hizo el conjuro en el cementerio y si se podía inculparla de algún otro crimen mas seria perfecto para definitivamente elevar el pedido de pena de muerte y deshacerse de ella que ya lo estaba poniendo nervioso a parte de meterlo en un problema tras otro con sus colegas.
Entro en el cuarto y le ordeno sentarse de una manera muy poco amistosa:
- Sentate, me canse de este juego estúpido.
- ¿Juego estúpido?
- No me jodas nena, hace meses que venimos con esto y no llegamos a ningún lado.
- Yo tengo todo el tiempo del mundo.
- Pero yo no.
- ¿Qué es el tiempo para alguien que no tiene ni pasado, ni presente y mucho menos futuro?
- Otra vez esas preguntas sin sentido.
- Oh mi querido doctor si tan solo supiese escuchar.
- Mmmm – lanzó un gruñido como para mostrarle que estaba perdiendo la paciencia.
- Si tan solo supiese interpretar lo que le digo, ya hubiese descifrado el acertijo,¿ o es tal vez que no quiere hacerlo? – Dijo ella lamentándose
- Basta, esto es un maldito callejón sin salida – se quejo él.
- Amo los callejones sin salida y sin son oscuros mejor, si yo le contara doctor lo que yo solía hacer en los callejones sin salida con un mono que tenia no me lo creería.
- Por que no me pones a prueba.
- Por que hasta ahora no ha pasado una sola de todas mis pruebas.
- ¿Qué pruebas?
- A las que lo he sometido.
- No me has sometido a ninguna prueba – agrego el enojado.
- Si, si lo he hecho. – Dijo ella demasiado segura de sí misma.
- No puede ser cierto.
- ¿Por qué no? – Pregunto casi irónicamente.
- Por que jamás me enterado de tales pruebas. – Agrego sin poder dar crédito a lo que ella le decía.
- Bueno, bueno eso es simple, su explicación lo es – agrego ella más como un susurro que como una afirmación.
- Y cual se supone que es la maldita explicaron – grito él.
- Simple mi querido amigo
- Yo no soy tu amigo soy tu psiquiatra, no te confundas. El enojo de el iba creciendo.
- Esta bien como sea, el chiste es que jamás te enteres que estas pasando por una.
- Tenes que estar bromeado, no puede ser cierto, no te creo.
- Créeme.
- ¿Pero... como? – Se aclaro la garganta - ¿cómo es posible?
- ¿Si un tren choca con una mosca por que el tren estalla y la mosca sigue en pie?, no puedo entenderlo.
- Dime como demonios es posible, antes que pierda la paciencia
- Realmente no lo comprendo.
- Te estoy hablando, contéstame o te mando a la sala de aislamiento en donde vas a estar desnuda y con un chorro de agua a presión en tu cuerpo, eso sumado a las drogas que te darán, no creo que salgas viva de allí, por mas bruja o hechicera que digas o creas ser.
- ¿Crees que si la misma mosca me lleve por delante me mate? – Agrego ella mirándolo como dándole a entender que no le tenia miedo y que no creía que se anime a hacer tal cosa.
Ella había oído de la sala de aislamiento, era una sala pequeña en donde mandaban a las reclusas rebeldes y por lo general ninguna sobrevivía a tal experiencia.
Solían meterlas desnudas en la sala y apuntaban una gran manguera que tiraba un chorro a presión que si se quedaba mucho tiempo en un lugar podía romper un hueso tranquilamente y si como siempre que lo hacían eran hombres apuntaban el chorro a los senos o al sexo por lo general la leción era mas grave que si la apuntaran al pecho.
Eso sumado al hecho que por lo general las drogaban a más no poder para que apenas se puedan mantener en pie era bastante peligroso y ninguna quería pasar por eso.
Ella quería pasar por esa experiencia para ver que tan fuerte era, pero sabía que por algún motivo u otro el doctor no se animaría a encerrarla allí.
- Me escuchaste, te voy a hacer encerrar en la sala de aislamiento.
- Si, por favor, me muero de ganas, es más seguro que esperar a que la mosca me atropelle.
- ¿Me estas cargando nena, sos idiota o que?
- No, es enserio, me da miedo la idea de la mosca.
Viendo que esta vez tampoco conseguiría nada, decidió dar por terminada la sesión dado que sino la tendría que meter enserio en la cámara y algo dentro de el se lo impedida.
Se levanto furioso y le dijo antes de cerrar la puerta:
- Esto no se queda así, me oíste, no se queda así, me las vas a pagar. – dijo y salió del cuarto furioso.
- Bueno, cuando quieras, sabes donde encontrarme – agrego ella divertida.
Como estaban las cosas, como el las veía, sentía que se le agotaba el tiempo, su cabeza era cada vez mas confusa, sentía una cosa pero hacia otra, mas por inercia que por convicción.
Siempre que entraba al cuarto entraba decidido a terminar con todo ese jueguito que no conducía a ningún lado pero ella siempre lo hipnotizaba con su manera de manejarse.
Poco a poco intento descubrir cuales eran las famosas pruebas a las que ella decía someterlo pero se dio por vencido por que se ponía paranoico y casi no hablaba, no quería que ella se disguste con el.
Ella estaba demasiado lejos de el, demasiado lejos de eso, pero el no noto eso jamás.
Sabia que el tiempo corría en su contra, del tribunal le habían dicho que en un par de días mas, trece para ser exactos ejecutarían la sentencia de pena de muerte que él había conseguido antes de conocerla, sabia que seria por inyección letal, por un lado estaba feliz, había hecho justicia ¿la había hecho realmente? Pero por otro estaba terriblemente deprimido por haber hecho justicia, si es que realmente la había hecho.
Salió de su casa, saludo a su esposa y a su hijo pequeño y tomo le camino derecho al manicomio, paso la mañana ordenando los papeles y archivos y a medida que llegaba la hora de la sita con ella sentía que su corazón se aceleraba mas y mas, las manos le sudaban de manera horrorosa y no sabia bien por que tenia la boca seca, su cerebro intentaba dejar de lado las imágenes de ella que le venían a la mente, sobretodo las mas lujuriosas, fantasías en las que el le sacaba la ropa y le volvía a poner el chaleco de fuerza y la poseía de manera demasiado brutal, ella pedía mas, gemía, besaba, mordía, y se entregaba como nunca nadie antes lo había hecho jamás para con el, antes que pudiera darse cuenta tenia una erección, miro la hora y se dio cuenta que era hora de ir a verla, se arreglo la ropa y salió rumbo a su cuarto.
Cuando llego ella lo estaba esperando sentada sobre su cama, cruzada de piernas, el pelo le caía sobre los hombros y sus ojos estaban increíblemente encendidos, tuvo que hacer un esfuerzo demasiado grande para contenerse, respiro profundo y tomo asiento en la silla junto a la cama:
- Hola, ¿cómo estas? – Pregunto él para ser amable y para darse tiempo a reacomodar sus ideas.
- ¿Alguna vez vas a dejar de ser tan formal? – Pregunto ella guiñándole un ojo de manera sexi.
- ( Es una maldita perra me quiere seducir- pensó él) No, así me educaron y así voy a morir – acoto sin muchas ganas de ahondar mas en ello.
- ABURRIDO, ESO ES LO QUE SOS, UN VIEJO ABURRIDO – le dijo entre risas.
- Ok, basta, como sabrás, supongo que tu abogado te puso al tanto.
- Algo, no mucho, no me interesaba.
- Decía que como sabrás en trece días te van a ejecutar a menos que me des algo que valga la pena.
- Y yo te dije que no me interesa
- ¿Por que?
- Simple, faltan solo doce días para que sea libre otra vez.
- Dije trece y no vas a ser libre te van a matar, bueno esa es una manera de libertad si lo queres ver así.
- ¿Qué es la muerte para alguien que controla el tiempo, que no tiene ni pasado, presente o futuro, simplemente maneja el tiempo a su antojo?
- Ejem..., ¿otra ves con lo mismo?
- Igual no me refería a eso, me refería que en doce días seré libre.
- Aja, seguro, ¿y como pensas hacer?, ¿Si se puede saber?
- Vos sabes que un mango jamás cuenta sus secretos.
- Si, pero vos no sos un mago, supuestamente sos una hechicera.
- ¿Supuestamente? – Agrego ella ofendida – ya vas a ver, te voy a hacer tragar tus palabras.
- ¿Otra ves me estas amenazando?, ¿queres conocer el cuarto de aislamiento?
- Sabes que si, desde el primer día que llegue.
- ¿Para que?, ¿Para que queres que te encierren ahí? Te van a hacer de goma.
- Mas quisieran, pero no podrán conmigo.
- Sabes que no te voy a mandar a encerrar.
- Entonces para que me amenazas.
- Te recomiendo que no tires mucho de la cuerda y comiences a colaborar conmigo – dijo el amablemente.
- No quiero, no lo necesito, no te necesito, no los necesito, no necesito a nadie, ya van a ver.
- Por que seguramente vas a hacer un hechizo y vas a desaparecer.
- Peor que eso – le dijo furiosa.
- ¿Peor que eso? – pregunto el irónicamente
- Ya vas a ver, ya vas a ver, te vas a arrepentir tanto – Chillo hecha una furia.
En ese momento sonó el celular de el.
- Disculpa es mi hijo, me tengo que ir, tuvo un accidente, nada grave al parecer, pero nunca se sabe.
Ella lo vio salir y casi para sí misma se dijo:
- Un hijo, interesante, muy pero muy interesante.
Ella estaba acostada sobre su cama, sintiendo el frío que la mísera sabana no se podía dormir pensando en el dato que sin querer su querido psiquiatra le había dado.
Pensaba una y otra vez en lo mismo, pensaba en como usaría ese dato para su beneficio.
Lo pensó hasta que a pesar del frío se quedo dormida.
En su sueño se veía perdida en un bosque enorme lleno de luz, pero a pesar de eso sentía que tras cada árbol se escondía algún monstruo, algo la seguía, algo la quería matar, cada vez que se daba vuelta para hacerle frente lo que la seguía se evaporaba como si fuera un fantasma.
Se despertó de golpe cuando en medio de l bosque algo la apreso, no pudo llegar a ver lo que la apresaba pero sabia bien que era ese muchacho que había matado esa noche en Creta.
Se despertó toda transpirada y de muy mal humor justo a tiempo para ver cuando entraba su terapeuta para la sesión diaria.
- Hola, hola, ¿cómo esta mi paciente favorita el día de hoy?
- Morite, no tengo ganas de esto hoy.
- ¿Te pregunte si querías?
- No me interesa si me preguntaste o no, no tengo ganas y se acabo – dijo ella tajante.
- Y a mí tampoco me importa si tenes ganas.
- Por cierto, ¿cómo esta tu hijo?
- ¿Mi hijo? ... – dijo él olvidando la sesión anterior.
- Si, ¿ayer no dejaste la “charla” a medias por un accidente que tubo tu hijo?
- Cierto, veo que tu memoria es buena. – Acoto el de manera perspicaz.
- Lo es, lo es. Por cierto que si.
- Entonces si es tan buena decime que fue lo que paso en Creta.
- MMM, no lo recuerdo.
- Recién tu memoria era muy buena y ahora no recordas, ¿qué raro es eso?
- Son una chica rara.
- Sos una hechicera, ¿verdad?
- Si, no, bueno, ¿tal vez?, No lo sé, ¿vos que decís?
- ¿Importa acaso?
- Creo que tanto como lo que piensa un perro antes de morderte.
- Bien, dado que ahora tenemos doce días mas te vale que empieces a hablar, no puedo soportar la idea que te maten.
- ¿Pero no era eso lo que vos querías, no era por eso por lo que tanto luchaste?
- Si, pero me equivoque, ahora no quiero, y no te puedo ayudar a menos que me ayudes.
- No necesito tu ayuda.
- Soy el uno que te puede sacar de acá.
- Eso ya lo se, pero te repito que no necesito tu ayuda, en once días seré libre.
- No te entiendo, te juro que lo intento hace meses pero no puedo – dijo el desesperado.
- No me entiendes pero aun así estas enamorado de mí – dijo ella con dulzura.
El se removió en su silla, intento disimular lo obvio, lo rojo de sus mejillas, las manos sudadas, como el cuerpo lo delataba, pero fue en vano.
- ¿Quién dijo que yo estoy enamorado de vos? – le dijo como para escapar.
- Nadie, no lo necesito – remarco lo obvio ella.
- Pues no se de donde sacas esas estupideces.
- Vamos pensas que no me doy cuenta como me desnudas con la mirada. Como si pudieras me poseerías una y otra ves hasta caer rendidos los dos, te pensas que no me doy cuenta de nada, puede que me droguen para mantenerme controlada pero no soy estúpida mi instinto funciona perfecto.
- Yo... – no supo como seguir la frase.
Se levanto y salió apurado sin siquiera decir adiós.
Ella se relamía en su lugar, sabia que faltaba poco, muy poco y si movía bien las fichas todo saldría perfecto y seria libre otra ves, el precio no importaba, solo terminar con su trabajo, ya había perdido mucho tiempo y no podía perder mas.
- Te tengo, mi querido te tengo, no te imaginas lo que te espera, definitivamente ni te lo imaginas.
Esa era la anteúltima sesión que tenían puesto que al día siguiente ella seria ejecutada, o tal vez como ella decía ese seria el último día que estaría encerrada puesto que se escaparía en cualquier momento.
Para ser sinceros el Psiquiatra estaba bastante intrigado y a la vez intranquilo, con el correr de los días había aprendido a conocer a su paciente y había llegado a la conclusión que jamás sabría que había pasado esa noche en Creta, simplemente seria un secreto que ella se llevaría a la tumba, también comprendió que era en vano intentar sacarle algo de información personal, al parecer ella no tenia pasado, presente y mucho menos futuro, solo se limito a enamorarse de ella así como la conoció, sin saber nada pero sabiendo, teniendo la certeza que jamás sabría nada.
¿Se preguntaba una y otra ves si no habría sido eso lo que mato al muchacho aquel. ¿Se había acercado demasiado a ella?, ¿Habría descubierto algo que a el se le escapaba y por eso lo mato?, ¿Ella se habría enamorado de el y no puedo soportarlo? Demasiadas preguntas y ninguna respuesta, pero era igual, ya estaba resignado, sabia que no conseguiría nada presionándola así que decidió que esa seria la ultima y mejor sesión que hubieran tenido durante toda su relación psiquiatra-paciente disfrutaría con las locuras de ella, se reirían juntos y la pasarían bien y luego el se olvidaría de ella (o al menos eso intentaría) así que se preparo y fue a su encuentro sin mas demoras.
Ella se encontraba sentada pensando en los pasos a seguir, sabía que cualquier error de cálculo le costaría la vida, nada podía salir mal.
Lo había planeado todo, paso por paso, lo haría, lo que le diría, como lo miraría, como se movería, como lo incitaría, como modularía la voz, como respiraría, en fin, nada estaba librado al azar, cada segundo estaba planeado para hacerlo caer en sus garras.
Sin mucha dificultad se saco el chaleco de fuerza, ella descubrió como hacerlo desde el segundo día de su internación, se saco la remera y el pantalón que se quedo en ropa interior, arriba no tenia nada y abajo tenia una tanga diminuta color blanca.
Se preparo y espero, era cuestión de minutos para que llegue el, cuando llego ella estaba sentada con las piernas abiertas colgando del borde de la cama, y solo lo miro y le guiño un ojo para darle a entender que como esa era la ultima ves que se verían ella estaba a su completa disposición.
Él entro y se encontró con un espectáculo increíble verla como siempre la soñó era algo para lo cual el no estaba preparado y ella lo sabia.
El se extasío viéndola semi desnuda, la tanga apenas le cubría el sexo y eso lo éxito demasiado, quería poseerla en ese mismo momento en ese mismo lugar.
Ella tiro su cuerpo para atrás apoyándose sobre su espalda contra la pared y las piernas separadas sobre la cama.
El se debatía entre dar rienda suelta a su instinto o salir corriendo, sabia que ambas opciones acarrearían para el problemas demasiado graves, si abusaba de ella ( por mas que ella lo incito seria considerado como un abuso agravado por el hecho de ser ella una condenada a muerte y peor aun si se tiene en cuenta que le quedaba un día de vida) podría terminar en la cárcel y podría llegar a perder sus posesiones pero eso no era nada comparado con el hecho de saber que perdería a su mujer y a su hijo, lo mas seguro era que ella consiguiera que el juez le prohíba ver a su niño por degenerado y el sabia que si le prohibían verlo se volvería loco, terminaría recluido en ese mismo lugar donde el trabajaba y si salía corriendo le sacarían la matricula y lo inhabilitarían para poder ejercer su profesión.
Ella lo sentía, y lo disfrutaba, disfrutaba ponerlo mal, disfrutaba desesperándolo, provocándolo, seduciéndolo, manipulándolo, excitándolo, si fuera por ella lo llevaría a la locura entre sus piernas por el siempre placer de verlo hundido en la desesperación y la miseria, por que bien sabia que el problema no era tener sexo con el, el problema vendría luego y eso le agregaba mas interés al asunto.
Tal vez era la única manera que tenia ella de lograr que se acuerden de ella, o tal ves era pura perversidad, como fuere que sea ella no se molestaba demasiado en preguntárselo, solo se limitaba a disfrutar lo que hacia, tan simple y sencillo como eso.
Ella se mojo los labios de manera insinuante y dio comienzo a lo que seria la ultima actuación para el, vería si luego de lo que ella traía entre manos el podría seguir viviendo de la misma manera, si podría seguir con su vida, con su familia, con su cordura y su rigidez.
Antes que él pudiese tomar conciencia ella dio el primer paso y de manera sugerente le dijo:
- Se lo que estas pensando... y lo que te estas preguntando y la respuesta definitiva es: Si, yo también tengo ganas, de hecho me muero de ganas por sentirte dentro mío, de poder besarte, acariciarte, morderte, gemir en tu oído, y muchas cosas mas – le dijo mientras le guiñaba el ojo de manera demasiado sugerente al notar la erección de el.
El no quería seguir pero a su vez se moría de ganas, eso no era nada para el y a su vez lo era todo.
Sabía que luego de eso no habría lugar donde esconderse.
Pero a su vez siempre había soñado con eso desde que comenzó su relación con ella y ella a su vez parecía querer lo mismo que el perseguía tal vez inconscientemente.
Lo medito un segundo, sintiéndose atrapado entre la lujuria y el deber se dejo caer en picada.
- Cuando quieras nena, te escucho – dijo el besándole la entrepierna.
- Si, si, si seguí, seguí – dijo ella gimiendo levemente.
- Estoy esperando a que me digas algo.
Ella miro impaciente sintiendo que su deseo se acrecentaba, sabia que era muy distinto el hecho de masturbarse sola como hacia cada noche en secreto a sentir un cuerpo nuevo haciéndola gozar.
Pero a su vez sabia que si delataba a sus cómplices seria mucho peor que estar encerrada o peor aun estar muerta, nada podría salvarla de ellos.
El se aburrió de esperarla y se incorporo y se alejo de ella para contemplara un momento y poder reacomodar su cabeza.
- Esta bien, esta bien, vos ganas, ¿qué queres saber?
- Todo.
- ¿Que es todo?
- ¿Para empezar quien era el chico?
- Creo que su nombre era... no lo puedo recordar, no tenia importancia.
- ¿Cómo lo elegiste?
- Me llegaron sus datos por mail.
- Creo que no comprendo.
- Me llegan los datos de los que tengo que matar por mail.
- Bien, y quien se supone que te los manda.
- No, lo lamento pero eso no puedo decírtelo.
- ¿Por que no?, El trato era ese, vos me decías todo y yo te regalaba el ultimo orgasmo de tu vida.
- ¿Cómo que él último?
- Si, digo... por si no te acordas mañana te van a ejecutar.
- Ah, si... cierto – dijo ella con cierta suspicacia.
- Ok, a ver si comprendo, me estas diciendo que alguien te manda por mail los datos de la víctima.
- Efectivamente – acoto ella algo aburrida queriendo acelerar los tramites.
- ¿Y por que él?
- ¿Y por que no?
- ¿Y por que sí?
- No lo sé, solo cumplí.
- Ok, llegaste, lo mataste y que paso después.
- No lo recuerdo, solo sé que lo siguiente que recuerdo de Creta es el cementerio.
- ¿Qué fuiste hacer en ese lugar?
- No lo sé, solo seguí un impulso.
- Y el ritual, por que te masturbaste sobre esa tumba.
- No lo sé, no lo sé, creo que era algo que ellos me habían pedido.
- ¿Ellos?
- Mis cómplices.
- ¿Ahora resulta que son varios?
- No lo sé, solo conozco una voz.
- Ha, entonces hablas con ellos.
- El o ellos no lo se me llaman al celular.- dijo ella al borde del llanto.
- Seguí – dijo el duramente
- Solo sé eso, él era una víctima, ellos me la marcaron y yo cumplí con mi parte del trato.
- ¿Trato?
- Si, trato, que ¿sos sordo?
- No, solo trato de comprender de lo que me estas hablando.
- Me da lo mismo
- A mi no.
- Bien, ¿qué más queres saber?
- Te juro que a esta altura no comprendo nada.
- Somos dos. Solo quiero sentir tu cuerpo junto al mío, no te pido nada mas, solo eso ¿es mucho pedir acaso?
- Créeme que por momentos sí.
- decime que me crees – le dijo ella.
- ¿Acaso importa?
- A mí me importa.
- ¿Por qué?
- No importa por que, solo importa.
- Jamás acepto una respuesta sin fundamento lógico.
- Solo decime si me crees o no.
- No.
- ¿Por qué no? Maldición.
- Simple mi querida niña, me suena muy extraño.
- ¿Qué cosa te suena extraña?
- El hecho que te mandaban un mail mandándote los datos de la víctima luego vos ibas y cumplías con el trabajo y ya, no se por que pero algo no me cierra.
- ¿Por qué si es la puta verdad?
- Por que no lo acepto, no acepto el hecho que sea así.
- ....
- No, compréndeme, todos los homicidios tienen su lógica y este no, no me entra en la cabeza.
- No sé que decirte, eso es todo lo que se, todo lo que paso, todo, todo, todo.
- No, sé que faltan partes del rompecabezas.
- No, no falta ninguna, esas son todas las que tenes que tener.
- Eso quiere decir que faltan piezas que supuestamente no tengo que tener – dijo el de modo irónico
- Si, no, bueno, si..., no, quiero decir que tal vez pero no te las doy por que no las tengo – decía ella trabándose
El se paseaba cada ves mas rápido por lo corto del cuarto, ella lo miraba desnuda aun con las piernas recogidas sobre el pecho, lo veía ir y venir, pero no se le ocurría nada para decirle, hasta que de pronto el le dijo:
- También esta el hecho que supuestamente sos una hechicera.
- Eso no es un supuesto, realmente lo soy – agrego con aires de ofendida.
- Si lo sos, hace un hechizo.
- Jaja, no es tan simple, no tengo los elementos, pero te prometo que antes que te des cuenta vas a ver el mejor hechizo de toda tu vida.
- ¿El mejor hechizo de toda mi vida?
- Si, como me oíste.
- Existe un pequeño problema.
- ¿Cuál?
- Jamás en mi vida vi un hechizo, más que nada por que jamás creí en eso.
- Bien, entonces tengo la ventaja de la primera vez.
El se alejo un poco para tener un plano entero de su cuerpo para ver si estaba bromeando o si se delataba con algún gesto, pero su cuerpo seguía firme sin moverse y su rostro no reflejaba nada.
- Como quieras
- Solo espera y vas a ver.
El se detuvo de pronto en su caminata como si hubiese recordado algo que venia buscando dentro de su mente hacia ya un rato largo pero no lograba dar con el.
- esta el hecho de tus socios
- ¿Mis socios?
- Si, los que te mandaban los datos por mail.
- No quiero volver a eso, ya esta, te dije todo lo que se.
- No, sé que sabes mas – dijo el neciamente.
- Bueno esta bien, te dije todo lo que podes saber de ellos.
- ¿Por qué no puedo saberlo todo?
- No te gustaría saberlo, créeme.
- Si quiero saberlo.
- Esta bien, pero no me importa no te voy a decir nada mas, si queres saber algo mas averiguarlo por tu cuenta.
- ¿No me vas a decir nada mas?, ¿Estas segura de eso?
- Si y es definitivo, es mi ultima palabra, ahora veni y háceme un poco de compañía. – Dijo ella abriendo las piernas para incitarlo a continuar en el mismo punto donde habían dejado.
Él la miro y no se pudo aguantar más y antes de darse cuenta esta sobre ella.
Sus jadeos lo ponían a mil, y sus uñas clavadas en su piel lo excitaban cada vez mas.
Ella lo besaba cada vez con más pasión y eso poco a poco lo estaba perdiendo en la lujuria.
De golpe ella estaba encima de el, subida a horcajadas de el, marcando el ritmo y la intensidad.
- Te quiero mas adentro, eso es todo lo que podes hacer – dijo ella entre gritos.
- Shhhhhh, no grites que nos van a descubrir.
- No me importa, no me importa nada.
- Pero a mi si.
Ella sentía su miembro dentro, sentía como sus músculos lo apresaban y lo soltaban, sentía como el placer poco a poco iba en aumento.
Sentía como la humedad de su cuerpo facilitaban la penetración.
- Para, para, quiero que me practiques sexo oral.
- Ahora.
- Si, me vas a decir que ahora no te animas.
- No, no es eso, es que me falta tan poco para acabar.
- Pero a mi no y quiero que lo hagas.
- Esta bien. – Dijo él sin mucha convicción.
Sin decir mas ella se bajo de encima de el y se recostó y el después de besarle la boca fue bajando por todo su cuerpo hasta llegar hasta su centro de placer.
Separo los labios y comenzó a jugar con su clítoris primero lo frotaba con la lengua y luego lo mordisqueaba suavemente y para que el placer sea mayor perdía primero un dedo y luego dos.
Ella gritaba, gemía, jugaba con el pelo de el para hacerle entender que lo que estaba haciendo le gustaba.
Sacudía su pelvis y la levantaba levemente rítmicamente.
El de tanto en tanto levantaba la vista y la miraba, y luego proseguía con su labor.
Cuando ella por fin llego al orgasmo aúllo de placer, se sacudió un poco y luego se quedo tranquila.
Luego lo beso y lo tiro contra la cama y agarro su sexo erecto, duro y comenzó lentamente a masturbarlo luego poco a poco lo besaba y luego directamente moridia suavemente al tiempo que seguía con su labor.
Cuando el no aguanto mas y acabo ella tomo su liquido vital y se subió otra ves sobre el.
- ¿Para que haces?
- Te hago el amor.
- Si, pero yo no puedo uno detrás del otro.
- No me importa vas a tener que poder.
Y sin darle tiempo a nada lo introdujo dentro de ella y otra vez empezó a moverse rítmicamente al compás de una música imaginaria.
Él besaba su boca, sus pechos, acariciaba sus caderas, se estaba perdiendo dentro de ella.
Cuando los dos acabaron ella mordió su hombro y se tendió rendida en la cama junto a el mientras lo acariciaba tiernamente, mientras el la besaba una y otra ves.
- Estas conforme – le pregunto.
- Realmente no, falta un poco – dijo ella algo cansada – descansa un par de minutos y seguimos.
- Yo, ya no puedo mas – dijo el extenuado.
- No me importa, si queres mis secretos tenes que pagar mi precio.
- No, lo se, ¿no lo pague ya?
- Solo dos cuotas, té falta aun un poco.
- ¿Lo podemos dejar para mañana?
- Mañana será tarde - dijo ella entre risas.
- Perdón – dijo el apenado- simplemente con el cansancio lo olvide.
- No importa, esta bien, ahora descansa que después viene lo realmente bueno – dijo y lo beso.
Descansaron un rato entre mimos y besos tendidos en la cama, todo transpirados y agotados.
Después de un rato, ella se incorporo y mirándolo le dijo:
- No me importa si estas listo o no, si descansaste o no, ahora me vas a dar lo que falta.
- No, para, dame un ratito más.
- No, ahora vamos a pasar a la fase final – dijo ella mientras agarraba el sexo de el.
Lo miro y sin decir nada comenzó a estimularlo otra ves, al principio el se quejaba pero poco a poco entro en el juego siguiendo el compás que ella le marcaba.
- ¿Vos querías saber algo de mi magia? – Dijo con algo de maldad en su voz.
- Realmente a esta altura me importa poco y nada. – Dijo entre jadeos.
- Oh, vamos me dirás que un poco de sexo y ya no te importa nada.
- No lo sé, no lo sé, solo seguí – pidió él.
Mientras lo estimulaba pensaba en que es lo que le diría, para poder proseguir sin mayores problemas.
Mientras el gozaba pensó hasta que por fin decidió decirle las cosas como eran.
Dejo de masturbarlo, lo beso y lo puso sobre ella, abrió levemente las piernas como para que el se pudiera acomodar y darle la impresión que el dominaba la situación.
El se acomodo y lentamente la penetro, ella gimió como para darle a entender que le estaba gustando lo que él hacia, cuando en realidad le daba lo mismo, su sexo era solo un instrumento mas para sus planes.
Siempre había podido dominar a los hombres de esa manera, rara vez se enamoro y cuando lo hizo las cosas terminaban muy mal, así que su corazón era un témpano de hielo.
Se movía siempre de manera sensual, con una estatura promedio y unos ojos tremendamente melancólicos que eran capas de hacer ceder al mas duro de los hombres, en cuanto a su cuerpo, estaba bien proporcionada, nada del otro mundo, pero tenia su encanto y su manera de hablar rompía mas de un corazón, era el arma perfecta.
Mientras el la penetraba ella pensaba que es lo que haría cuando saliera de ese maldito lugar.
- Esta bien, esto es lo que hacemos las hechiceras – dijo ella entre gemidos.
- Cállate, no me importa, no me desconcentres.
- No, vos querías saber, vas a saber por las buenas o por las malas.
- ¿Tiene que ser ahora mismo?, no puede ser mas tarde, ¿cuando terminemos los dos?
- No, tiene que ser ahora, antes que yo acabe.
- Vos habla que yo te escucho – dijo él entre jadeos.
- Esta bien, vos mientras seguí.
- Si, si, si, como sea.
- Veras para mi próximo hechizo necesito un psiquiatra calentón y mi cuerpo.
- Si, como sea – decía el sin prestarle mucha atención.
- Cuando el este acabando tengo que morderle la yugular y tomar su sangre y poco a poco tomar su forma así cuando yo alcance el orgasmo seré una doble idéntica a el.
El cuando escucho esto se detuvo en seco, ella temió que le haya prestado atención y no continúe pero a los pocos segundos el esta introduciendo su pene dentro de la vagina de ella, como si ella no hubiese dicho nada.
Cuando paso un rato el le dijo:
- Estoy acabando, no digas nada, déjame disfrutarlo.
Ella lo miro y supo que era el momento busco la yugular y la mordió, la sangre de el empezó a llenarle la boca y poco a poco ella fue tomando su forma.
Al poco tiempo ella tuvo un orgasmo y la mutación estaba completa, se paro, tomo la ropa de el y se vistió, salió del cuarto y camino por el pasillo como si nada hubiese pasado.
Antes que pudiese darse cuenta estaba otra vez en la calle, libre por fin luego de mucho tiempo, camino sin rumbo hasta que sonó el celular del psiquiatra:
- Hola, ¿quién habla? – dijo ella sobresaltada
- Adivina – le dijo una voz conocida.
- ¿Cómo carajo consiguieron este número?
- Nosotros podemos conseguir cualquier cosa.
- Si, lo había olvidado, ¿qué quieren?
- Tenemos un nuevo trabajo para vos y mejor que no te niegues por que sabes lo que pasara si lo haces.
Ella con resignación acepto y pidió los datos.
- ¿quien es esta vez?
- Es un chico, el hijo de un psiquiatra.
- Decime que no es el que me atendía a mí, es muy pequeño.
- Creo que si, pero supongo que el padre no será molestia para vos.
- No, lo acabo de matar, igual murió feliz.
Sin decir mas corto y se perdió nuevamente en el ocaso de la cuidad en busca de su nueva víctima.
Kershak McCoy julio 2006
Ella estaba encerrada en un cuarto blanco su vestimenta era solamente un traje blanco al tono y tenia un chaleco de fuerza que le inmovilizaba los brazos.
En el cuarto solo tenia una cama que estaba apenas cubierta por una sabana haciendo juego y el acolchado de las paredes que también era blanco.
Estaba lucida por que tenia cita con el psiquiatra en un ratito, era por eso y solo por eso que no la habían drogado como hacían siempre para mantenerla controlada.
Cuando abrió los ojos noto que se abría la pesada puerta que la mantenía cautiva entre esas paredes hacia ya mas de un año cuando paso el incidente que derivo en esas tres muertes.
Ella lloro ante el jurado (lagrimas falsas claro esta) que ella no había sido, que le habían tendido una trampa, y mil argumentos mas, pero de nada le sirvió, el jurado determino que tenia que estar encerrada de por vida en ese manicomio sin posibilidad de salir, de nada sirvió que ella los amenace con matarlos uno por uno, ellos determinaron eso y su decisión fue firme y permanente.
El psiquiatra entro puntual, al medio día, vestía un pantalón negro con un saco al tono y un guardapolvo blanco que contrastaba notablemente con su vestimenta y su pelo.
- Hola señorita son su Psiquiatra
- (ella no daba signos de prestarle atención)
- ¿Señorita me escucho? – dijo el aclarándose la garganta
- ¿Por qué las moscas hablan ese dialecto tan extraño? ¿Será para que no las pueda comprender?
- Señorita según su expediente aquí dice que usted es hechicera.
- Aja
- Yo no creo en esas cosas
- Debería
- ¿Por que?
- Solo le diré que debería.
- ¿Me va a hechizar acaso?
- ¿Y quien le dice que ya no lo he hechizado?
- ¿Perdón?
- Creo que si un perro me muerde me convierto en una loba.
- Ok, pasemos a otro tema
- El otro día pensaba que si salto de la ventana podría llegar a Júpiter.
- Hábleme de su familia, ¿Había más magos o hechiceros en ella?
- No, no quiero hablar de algo que no existe
- ¿Cómo dijo?
- Si, como escucho, no existen.
- Si existen, de hecho si mal no tengo entendido su padre es un importante empresario y su madre una reconocida filantropista y su hermano es un reconocido jugador de rugbie.
- Eso no es cierto – grito ella
- Si lo es, por más que le moleste.
- Ellos no existen, ellos testificaron en mi contra, ellos traicionaron a su especie... a su única hija.
- Ellos prefirieron encerrarte aquí a perderte en una cárcel.
- Ellos me tienen miedo.
- ¿Miedo?
- Ellos me crearon y ahora me quieren destruir.
- A ver cuénteme eso.
- Oh doctor por favor no sea idiota.
- No me falte el respeto
- Yo hago lo que quiero.
- Por eso esta como esta.
- Jaja, ¿eso es lo mejor que tiene?
- Empiezo a comprender, le advierto que no voy a entrar en su juego.
- No doctor, no se confunda, desde que entro a este cuarto, usted perdió el juego, por así llamarlo.
- Basta, no lograra nada.
- Ya veremos – dijo ella con tono enigmático.
- Dígame que me puede decir de lo ocurrido en la plaza.
- Creta
- Ha esa plaza
- Si esa, la muerte de ese chico, el hechizo en el cementerio
- Usted esta loco, sabe, muy pero muy loco.
- Puede ser, pero soy el encargado de hacer que usted pague por lo que ha hecho.
- No le tengo miedo doctor, ni a usted ni a nadie.
Dicho esto se dio media vuelta y dejo de hablar con el psiquiatra por el resto de la sesión.
El doctor al ver que no obtendría mas cooperación por el día se marcho sin decir nada más.
Habían pasado ya unos cuantos meses desde aquella primera entrevista con ella y el psiquiatra no lograba encontrar fisura alguna en lo que ella decía, todo le cerraba perfectamente o mejor dicho nada cerraba y era por eso mismo que cerraba a la perfección, no había duda ella estaba rematadamente loca.
Por mas que buscaba, por mas que lo intentaba no lograba hacerla confesar, hacerla contradecirse o mejor dicho ella era una contradicción constante por tal era como si no lo fuera.
Ese día entro decidido a terminar con esta locura, quería que ella le digiera que había sido ella la que mato al muchacho, la que hizo el conjuro en el cementerio y si se podía inculparla de algún otro crimen mas seria perfecto para definitivamente elevar el pedido de pena de muerte y deshacerse de ella que ya lo estaba poniendo nervioso a parte de meterlo en un problema tras otro con sus colegas.
Entro en el cuarto y le ordeno sentarse de una manera muy poco amistosa:
- Sentate, me canse de este juego estúpido.
- ¿Juego estúpido?
- No me jodas nena, hace meses que venimos con esto y no llegamos a ningún lado.
- Yo tengo todo el tiempo del mundo.
- Pero yo no.
- ¿Qué es el tiempo para alguien que no tiene ni pasado, ni presente y mucho menos futuro?
- Otra vez esas preguntas sin sentido.
- Oh mi querido doctor si tan solo supiese escuchar.
- Mmmm – lanzó un gruñido como para mostrarle que estaba perdiendo la paciencia.
- Si tan solo supiese interpretar lo que le digo, ya hubiese descifrado el acertijo,¿ o es tal vez que no quiere hacerlo? – Dijo ella lamentándose
- Basta, esto es un maldito callejón sin salida – se quejo él.
- Amo los callejones sin salida y sin son oscuros mejor, si yo le contara doctor lo que yo solía hacer en los callejones sin salida con un mono que tenia no me lo creería.
- Por que no me pones a prueba.
- Por que hasta ahora no ha pasado una sola de todas mis pruebas.
- ¿Qué pruebas?
- A las que lo he sometido.
- No me has sometido a ninguna prueba – agrego el enojado.
- Si, si lo he hecho. – Dijo ella demasiado segura de sí misma.
- No puede ser cierto.
- ¿Por qué no? – Pregunto casi irónicamente.
- Por que jamás me enterado de tales pruebas. – Agrego sin poder dar crédito a lo que ella le decía.
- Bueno, bueno eso es simple, su explicación lo es – agrego ella más como un susurro que como una afirmación.
- Y cual se supone que es la maldita explicaron – grito él.
- Simple mi querido amigo
- Yo no soy tu amigo soy tu psiquiatra, no te confundas. El enojo de el iba creciendo.
- Esta bien como sea, el chiste es que jamás te enteres que estas pasando por una.
- Tenes que estar bromeado, no puede ser cierto, no te creo.
- Créeme.
- ¿Pero... como? – Se aclaro la garganta - ¿cómo es posible?
- ¿Si un tren choca con una mosca por que el tren estalla y la mosca sigue en pie?, no puedo entenderlo.
- Dime como demonios es posible, antes que pierda la paciencia
- Realmente no lo comprendo.
- Te estoy hablando, contéstame o te mando a la sala de aislamiento en donde vas a estar desnuda y con un chorro de agua a presión en tu cuerpo, eso sumado a las drogas que te darán, no creo que salgas viva de allí, por mas bruja o hechicera que digas o creas ser.
- ¿Crees que si la misma mosca me lleve por delante me mate? – Agrego ella mirándolo como dándole a entender que no le tenia miedo y que no creía que se anime a hacer tal cosa.
Ella había oído de la sala de aislamiento, era una sala pequeña en donde mandaban a las reclusas rebeldes y por lo general ninguna sobrevivía a tal experiencia.
Solían meterlas desnudas en la sala y apuntaban una gran manguera que tiraba un chorro a presión que si se quedaba mucho tiempo en un lugar podía romper un hueso tranquilamente y si como siempre que lo hacían eran hombres apuntaban el chorro a los senos o al sexo por lo general la leción era mas grave que si la apuntaran al pecho.
Eso sumado al hecho que por lo general las drogaban a más no poder para que apenas se puedan mantener en pie era bastante peligroso y ninguna quería pasar por eso.
Ella quería pasar por esa experiencia para ver que tan fuerte era, pero sabía que por algún motivo u otro el doctor no se animaría a encerrarla allí.
- Me escuchaste, te voy a hacer encerrar en la sala de aislamiento.
- Si, por favor, me muero de ganas, es más seguro que esperar a que la mosca me atropelle.
- ¿Me estas cargando nena, sos idiota o que?
- No, es enserio, me da miedo la idea de la mosca.
Viendo que esta vez tampoco conseguiría nada, decidió dar por terminada la sesión dado que sino la tendría que meter enserio en la cámara y algo dentro de el se lo impedida.
Se levanto furioso y le dijo antes de cerrar la puerta:
- Esto no se queda así, me oíste, no se queda así, me las vas a pagar. – dijo y salió del cuarto furioso.
- Bueno, cuando quieras, sabes donde encontrarme – agrego ella divertida.
Como estaban las cosas, como el las veía, sentía que se le agotaba el tiempo, su cabeza era cada vez mas confusa, sentía una cosa pero hacia otra, mas por inercia que por convicción.
Siempre que entraba al cuarto entraba decidido a terminar con todo ese jueguito que no conducía a ningún lado pero ella siempre lo hipnotizaba con su manera de manejarse.
Poco a poco intento descubrir cuales eran las famosas pruebas a las que ella decía someterlo pero se dio por vencido por que se ponía paranoico y casi no hablaba, no quería que ella se disguste con el.
Ella estaba demasiado lejos de el, demasiado lejos de eso, pero el no noto eso jamás.
Sabia que el tiempo corría en su contra, del tribunal le habían dicho que en un par de días mas, trece para ser exactos ejecutarían la sentencia de pena de muerte que él había conseguido antes de conocerla, sabia que seria por inyección letal, por un lado estaba feliz, había hecho justicia ¿la había hecho realmente? Pero por otro estaba terriblemente deprimido por haber hecho justicia, si es que realmente la había hecho.
Salió de su casa, saludo a su esposa y a su hijo pequeño y tomo le camino derecho al manicomio, paso la mañana ordenando los papeles y archivos y a medida que llegaba la hora de la sita con ella sentía que su corazón se aceleraba mas y mas, las manos le sudaban de manera horrorosa y no sabia bien por que tenia la boca seca, su cerebro intentaba dejar de lado las imágenes de ella que le venían a la mente, sobretodo las mas lujuriosas, fantasías en las que el le sacaba la ropa y le volvía a poner el chaleco de fuerza y la poseía de manera demasiado brutal, ella pedía mas, gemía, besaba, mordía, y se entregaba como nunca nadie antes lo había hecho jamás para con el, antes que pudiera darse cuenta tenia una erección, miro la hora y se dio cuenta que era hora de ir a verla, se arreglo la ropa y salió rumbo a su cuarto.
Cuando llego ella lo estaba esperando sentada sobre su cama, cruzada de piernas, el pelo le caía sobre los hombros y sus ojos estaban increíblemente encendidos, tuvo que hacer un esfuerzo demasiado grande para contenerse, respiro profundo y tomo asiento en la silla junto a la cama:
- Hola, ¿cómo estas? – Pregunto él para ser amable y para darse tiempo a reacomodar sus ideas.
- ¿Alguna vez vas a dejar de ser tan formal? – Pregunto ella guiñándole un ojo de manera sexi.
- ( Es una maldita perra me quiere seducir- pensó él) No, así me educaron y así voy a morir – acoto sin muchas ganas de ahondar mas en ello.
- ABURRIDO, ESO ES LO QUE SOS, UN VIEJO ABURRIDO – le dijo entre risas.
- Ok, basta, como sabrás, supongo que tu abogado te puso al tanto.
- Algo, no mucho, no me interesaba.
- Decía que como sabrás en trece días te van a ejecutar a menos que me des algo que valga la pena.
- Y yo te dije que no me interesa
- ¿Por que?
- Simple, faltan solo doce días para que sea libre otra vez.
- Dije trece y no vas a ser libre te van a matar, bueno esa es una manera de libertad si lo queres ver así.
- ¿Qué es la muerte para alguien que controla el tiempo, que no tiene ni pasado, presente o futuro, simplemente maneja el tiempo a su antojo?
- Ejem..., ¿otra ves con lo mismo?
- Igual no me refería a eso, me refería que en doce días seré libre.
- Aja, seguro, ¿y como pensas hacer?, ¿Si se puede saber?
- Vos sabes que un mango jamás cuenta sus secretos.
- Si, pero vos no sos un mago, supuestamente sos una hechicera.
- ¿Supuestamente? – Agrego ella ofendida – ya vas a ver, te voy a hacer tragar tus palabras.
- ¿Otra ves me estas amenazando?, ¿queres conocer el cuarto de aislamiento?
- Sabes que si, desde el primer día que llegue.
- ¿Para que?, ¿Para que queres que te encierren ahí? Te van a hacer de goma.
- Mas quisieran, pero no podrán conmigo.
- Sabes que no te voy a mandar a encerrar.
- Entonces para que me amenazas.
- Te recomiendo que no tires mucho de la cuerda y comiences a colaborar conmigo – dijo el amablemente.
- No quiero, no lo necesito, no te necesito, no los necesito, no necesito a nadie, ya van a ver.
- Por que seguramente vas a hacer un hechizo y vas a desaparecer.
- Peor que eso – le dijo furiosa.
- ¿Peor que eso? – pregunto el irónicamente
- Ya vas a ver, ya vas a ver, te vas a arrepentir tanto – Chillo hecha una furia.
En ese momento sonó el celular de el.
- Disculpa es mi hijo, me tengo que ir, tuvo un accidente, nada grave al parecer, pero nunca se sabe.
Ella lo vio salir y casi para sí misma se dijo:
- Un hijo, interesante, muy pero muy interesante.
Ella estaba acostada sobre su cama, sintiendo el frío que la mísera sabana no se podía dormir pensando en el dato que sin querer su querido psiquiatra le había dado.
Pensaba una y otra vez en lo mismo, pensaba en como usaría ese dato para su beneficio.
Lo pensó hasta que a pesar del frío se quedo dormida.
En su sueño se veía perdida en un bosque enorme lleno de luz, pero a pesar de eso sentía que tras cada árbol se escondía algún monstruo, algo la seguía, algo la quería matar, cada vez que se daba vuelta para hacerle frente lo que la seguía se evaporaba como si fuera un fantasma.
Se despertó de golpe cuando en medio de l bosque algo la apreso, no pudo llegar a ver lo que la apresaba pero sabia bien que era ese muchacho que había matado esa noche en Creta.
Se despertó toda transpirada y de muy mal humor justo a tiempo para ver cuando entraba su terapeuta para la sesión diaria.
- Hola, hola, ¿cómo esta mi paciente favorita el día de hoy?
- Morite, no tengo ganas de esto hoy.
- ¿Te pregunte si querías?
- No me interesa si me preguntaste o no, no tengo ganas y se acabo – dijo ella tajante.
- Y a mí tampoco me importa si tenes ganas.
- Por cierto, ¿cómo esta tu hijo?
- ¿Mi hijo? ... – dijo él olvidando la sesión anterior.
- Si, ¿ayer no dejaste la “charla” a medias por un accidente que tubo tu hijo?
- Cierto, veo que tu memoria es buena. – Acoto el de manera perspicaz.
- Lo es, lo es. Por cierto que si.
- Entonces si es tan buena decime que fue lo que paso en Creta.
- MMM, no lo recuerdo.
- Recién tu memoria era muy buena y ahora no recordas, ¿qué raro es eso?
- Son una chica rara.
- Sos una hechicera, ¿verdad?
- Si, no, bueno, ¿tal vez?, No lo sé, ¿vos que decís?
- ¿Importa acaso?
- Creo que tanto como lo que piensa un perro antes de morderte.
- Bien, dado que ahora tenemos doce días mas te vale que empieces a hablar, no puedo soportar la idea que te maten.
- ¿Pero no era eso lo que vos querías, no era por eso por lo que tanto luchaste?
- Si, pero me equivoque, ahora no quiero, y no te puedo ayudar a menos que me ayudes.
- No necesito tu ayuda.
- Soy el uno que te puede sacar de acá.
- Eso ya lo se, pero te repito que no necesito tu ayuda, en once días seré libre.
- No te entiendo, te juro que lo intento hace meses pero no puedo – dijo el desesperado.
- No me entiendes pero aun así estas enamorado de mí – dijo ella con dulzura.
El se removió en su silla, intento disimular lo obvio, lo rojo de sus mejillas, las manos sudadas, como el cuerpo lo delataba, pero fue en vano.
- ¿Quién dijo que yo estoy enamorado de vos? – le dijo como para escapar.
- Nadie, no lo necesito – remarco lo obvio ella.
- Pues no se de donde sacas esas estupideces.
- Vamos pensas que no me doy cuenta como me desnudas con la mirada. Como si pudieras me poseerías una y otra ves hasta caer rendidos los dos, te pensas que no me doy cuenta de nada, puede que me droguen para mantenerme controlada pero no soy estúpida mi instinto funciona perfecto.
- Yo... – no supo como seguir la frase.
Se levanto y salió apurado sin siquiera decir adiós.
Ella se relamía en su lugar, sabia que faltaba poco, muy poco y si movía bien las fichas todo saldría perfecto y seria libre otra ves, el precio no importaba, solo terminar con su trabajo, ya había perdido mucho tiempo y no podía perder mas.
- Te tengo, mi querido te tengo, no te imaginas lo que te espera, definitivamente ni te lo imaginas.
Esa era la anteúltima sesión que tenían puesto que al día siguiente ella seria ejecutada, o tal vez como ella decía ese seria el último día que estaría encerrada puesto que se escaparía en cualquier momento.
Para ser sinceros el Psiquiatra estaba bastante intrigado y a la vez intranquilo, con el correr de los días había aprendido a conocer a su paciente y había llegado a la conclusión que jamás sabría que había pasado esa noche en Creta, simplemente seria un secreto que ella se llevaría a la tumba, también comprendió que era en vano intentar sacarle algo de información personal, al parecer ella no tenia pasado, presente y mucho menos futuro, solo se limito a enamorarse de ella así como la conoció, sin saber nada pero sabiendo, teniendo la certeza que jamás sabría nada.
¿Se preguntaba una y otra ves si no habría sido eso lo que mato al muchacho aquel. ¿Se había acercado demasiado a ella?, ¿Habría descubierto algo que a el se le escapaba y por eso lo mato?, ¿Ella se habría enamorado de el y no puedo soportarlo? Demasiadas preguntas y ninguna respuesta, pero era igual, ya estaba resignado, sabia que no conseguiría nada presionándola así que decidió que esa seria la ultima y mejor sesión que hubieran tenido durante toda su relación psiquiatra-paciente disfrutaría con las locuras de ella, se reirían juntos y la pasarían bien y luego el se olvidaría de ella (o al menos eso intentaría) así que se preparo y fue a su encuentro sin mas demoras.
Ella se encontraba sentada pensando en los pasos a seguir, sabía que cualquier error de cálculo le costaría la vida, nada podía salir mal.
Lo había planeado todo, paso por paso, lo haría, lo que le diría, como lo miraría, como se movería, como lo incitaría, como modularía la voz, como respiraría, en fin, nada estaba librado al azar, cada segundo estaba planeado para hacerlo caer en sus garras.
Sin mucha dificultad se saco el chaleco de fuerza, ella descubrió como hacerlo desde el segundo día de su internación, se saco la remera y el pantalón que se quedo en ropa interior, arriba no tenia nada y abajo tenia una tanga diminuta color blanca.
Se preparo y espero, era cuestión de minutos para que llegue el, cuando llego ella estaba sentada con las piernas abiertas colgando del borde de la cama, y solo lo miro y le guiño un ojo para darle a entender que como esa era la ultima ves que se verían ella estaba a su completa disposición.
Él entro y se encontró con un espectáculo increíble verla como siempre la soñó era algo para lo cual el no estaba preparado y ella lo sabia.
El se extasío viéndola semi desnuda, la tanga apenas le cubría el sexo y eso lo éxito demasiado, quería poseerla en ese mismo momento en ese mismo lugar.
Ella tiro su cuerpo para atrás apoyándose sobre su espalda contra la pared y las piernas separadas sobre la cama.
El se debatía entre dar rienda suelta a su instinto o salir corriendo, sabia que ambas opciones acarrearían para el problemas demasiado graves, si abusaba de ella ( por mas que ella lo incito seria considerado como un abuso agravado por el hecho de ser ella una condenada a muerte y peor aun si se tiene en cuenta que le quedaba un día de vida) podría terminar en la cárcel y podría llegar a perder sus posesiones pero eso no era nada comparado con el hecho de saber que perdería a su mujer y a su hijo, lo mas seguro era que ella consiguiera que el juez le prohíba ver a su niño por degenerado y el sabia que si le prohibían verlo se volvería loco, terminaría recluido en ese mismo lugar donde el trabajaba y si salía corriendo le sacarían la matricula y lo inhabilitarían para poder ejercer su profesión.
Ella lo sentía, y lo disfrutaba, disfrutaba ponerlo mal, disfrutaba desesperándolo, provocándolo, seduciéndolo, manipulándolo, excitándolo, si fuera por ella lo llevaría a la locura entre sus piernas por el siempre placer de verlo hundido en la desesperación y la miseria, por que bien sabia que el problema no era tener sexo con el, el problema vendría luego y eso le agregaba mas interés al asunto.
Tal vez era la única manera que tenia ella de lograr que se acuerden de ella, o tal ves era pura perversidad, como fuere que sea ella no se molestaba demasiado en preguntárselo, solo se limitaba a disfrutar lo que hacia, tan simple y sencillo como eso.
Ella se mojo los labios de manera insinuante y dio comienzo a lo que seria la ultima actuación para el, vería si luego de lo que ella traía entre manos el podría seguir viviendo de la misma manera, si podría seguir con su vida, con su familia, con su cordura y su rigidez.
Antes que él pudiese tomar conciencia ella dio el primer paso y de manera sugerente le dijo:
- Se lo que estas pensando... y lo que te estas preguntando y la respuesta definitiva es: Si, yo también tengo ganas, de hecho me muero de ganas por sentirte dentro mío, de poder besarte, acariciarte, morderte, gemir en tu oído, y muchas cosas mas – le dijo mientras le guiñaba el ojo de manera demasiado sugerente al notar la erección de el.
El no quería seguir pero a su vez se moría de ganas, eso no era nada para el y a su vez lo era todo.
Sabía que luego de eso no habría lugar donde esconderse.
Pero a su vez siempre había soñado con eso desde que comenzó su relación con ella y ella a su vez parecía querer lo mismo que el perseguía tal vez inconscientemente.
Lo medito un segundo, sintiéndose atrapado entre la lujuria y el deber se dejo caer en picada.
- Cuando quieras nena, te escucho – dijo el besándole la entrepierna.
- Si, si, si seguí, seguí – dijo ella gimiendo levemente.
- Estoy esperando a que me digas algo.
Ella miro impaciente sintiendo que su deseo se acrecentaba, sabia que era muy distinto el hecho de masturbarse sola como hacia cada noche en secreto a sentir un cuerpo nuevo haciéndola gozar.
Pero a su vez sabia que si delataba a sus cómplices seria mucho peor que estar encerrada o peor aun estar muerta, nada podría salvarla de ellos.
El se aburrió de esperarla y se incorporo y se alejo de ella para contemplara un momento y poder reacomodar su cabeza.
- Esta bien, esta bien, vos ganas, ¿qué queres saber?
- Todo.
- ¿Que es todo?
- ¿Para empezar quien era el chico?
- Creo que su nombre era... no lo puedo recordar, no tenia importancia.
- ¿Cómo lo elegiste?
- Me llegaron sus datos por mail.
- Creo que no comprendo.
- Me llegan los datos de los que tengo que matar por mail.
- Bien, y quien se supone que te los manda.
- No, lo lamento pero eso no puedo decírtelo.
- ¿Por que no?, El trato era ese, vos me decías todo y yo te regalaba el ultimo orgasmo de tu vida.
- ¿Cómo que él último?
- Si, digo... por si no te acordas mañana te van a ejecutar.
- Ah, si... cierto – dijo ella con cierta suspicacia.
- Ok, a ver si comprendo, me estas diciendo que alguien te manda por mail los datos de la víctima.
- Efectivamente – acoto ella algo aburrida queriendo acelerar los tramites.
- ¿Y por que él?
- ¿Y por que no?
- ¿Y por que sí?
- No lo sé, solo cumplí.
- Ok, llegaste, lo mataste y que paso después.
- No lo recuerdo, solo sé que lo siguiente que recuerdo de Creta es el cementerio.
- ¿Qué fuiste hacer en ese lugar?
- No lo sé, solo seguí un impulso.
- Y el ritual, por que te masturbaste sobre esa tumba.
- No lo sé, no lo sé, creo que era algo que ellos me habían pedido.
- ¿Ellos?
- Mis cómplices.
- ¿Ahora resulta que son varios?
- No lo sé, solo conozco una voz.
- Ha, entonces hablas con ellos.
- El o ellos no lo se me llaman al celular.- dijo ella al borde del llanto.
- Seguí – dijo el duramente
- Solo sé eso, él era una víctima, ellos me la marcaron y yo cumplí con mi parte del trato.
- ¿Trato?
- Si, trato, que ¿sos sordo?
- No, solo trato de comprender de lo que me estas hablando.
- Me da lo mismo
- A mi no.
- Bien, ¿qué más queres saber?
- Te juro que a esta altura no comprendo nada.
- Somos dos. Solo quiero sentir tu cuerpo junto al mío, no te pido nada mas, solo eso ¿es mucho pedir acaso?
- Créeme que por momentos sí.
- decime que me crees – le dijo ella.
- ¿Acaso importa?
- A mí me importa.
- ¿Por qué?
- No importa por que, solo importa.
- Jamás acepto una respuesta sin fundamento lógico.
- Solo decime si me crees o no.
- No.
- ¿Por qué no? Maldición.
- Simple mi querida niña, me suena muy extraño.
- ¿Qué cosa te suena extraña?
- El hecho que te mandaban un mail mandándote los datos de la víctima luego vos ibas y cumplías con el trabajo y ya, no se por que pero algo no me cierra.
- ¿Por qué si es la puta verdad?
- Por que no lo acepto, no acepto el hecho que sea así.
- ....
- No, compréndeme, todos los homicidios tienen su lógica y este no, no me entra en la cabeza.
- No sé que decirte, eso es todo lo que se, todo lo que paso, todo, todo, todo.
- No, sé que faltan partes del rompecabezas.
- No, no falta ninguna, esas son todas las que tenes que tener.
- Eso quiere decir que faltan piezas que supuestamente no tengo que tener – dijo el de modo irónico
- Si, no, bueno, si..., no, quiero decir que tal vez pero no te las doy por que no las tengo – decía ella trabándose
El se paseaba cada ves mas rápido por lo corto del cuarto, ella lo miraba desnuda aun con las piernas recogidas sobre el pecho, lo veía ir y venir, pero no se le ocurría nada para decirle, hasta que de pronto el le dijo:
- También esta el hecho que supuestamente sos una hechicera.
- Eso no es un supuesto, realmente lo soy – agrego con aires de ofendida.
- Si lo sos, hace un hechizo.
- Jaja, no es tan simple, no tengo los elementos, pero te prometo que antes que te des cuenta vas a ver el mejor hechizo de toda tu vida.
- ¿El mejor hechizo de toda mi vida?
- Si, como me oíste.
- Existe un pequeño problema.
- ¿Cuál?
- Jamás en mi vida vi un hechizo, más que nada por que jamás creí en eso.
- Bien, entonces tengo la ventaja de la primera vez.
El se alejo un poco para tener un plano entero de su cuerpo para ver si estaba bromeando o si se delataba con algún gesto, pero su cuerpo seguía firme sin moverse y su rostro no reflejaba nada.
- Como quieras
- Solo espera y vas a ver.
El se detuvo de pronto en su caminata como si hubiese recordado algo que venia buscando dentro de su mente hacia ya un rato largo pero no lograba dar con el.
- esta el hecho de tus socios
- ¿Mis socios?
- Si, los que te mandaban los datos por mail.
- No quiero volver a eso, ya esta, te dije todo lo que se.
- No, sé que sabes mas – dijo el neciamente.
- Bueno esta bien, te dije todo lo que podes saber de ellos.
- ¿Por qué no puedo saberlo todo?
- No te gustaría saberlo, créeme.
- Si quiero saberlo.
- Esta bien, pero no me importa no te voy a decir nada mas, si queres saber algo mas averiguarlo por tu cuenta.
- ¿No me vas a decir nada mas?, ¿Estas segura de eso?
- Si y es definitivo, es mi ultima palabra, ahora veni y háceme un poco de compañía. – Dijo ella abriendo las piernas para incitarlo a continuar en el mismo punto donde habían dejado.
Él la miro y no se pudo aguantar más y antes de darse cuenta esta sobre ella.
Sus jadeos lo ponían a mil, y sus uñas clavadas en su piel lo excitaban cada vez mas.
Ella lo besaba cada vez con más pasión y eso poco a poco lo estaba perdiendo en la lujuria.
De golpe ella estaba encima de el, subida a horcajadas de el, marcando el ritmo y la intensidad.
- Te quiero mas adentro, eso es todo lo que podes hacer – dijo ella entre gritos.
- Shhhhhh, no grites que nos van a descubrir.
- No me importa, no me importa nada.
- Pero a mi si.
Ella sentía su miembro dentro, sentía como sus músculos lo apresaban y lo soltaban, sentía como el placer poco a poco iba en aumento.
Sentía como la humedad de su cuerpo facilitaban la penetración.
- Para, para, quiero que me practiques sexo oral.
- Ahora.
- Si, me vas a decir que ahora no te animas.
- No, no es eso, es que me falta tan poco para acabar.
- Pero a mi no y quiero que lo hagas.
- Esta bien. – Dijo él sin mucha convicción.
Sin decir mas ella se bajo de encima de el y se recostó y el después de besarle la boca fue bajando por todo su cuerpo hasta llegar hasta su centro de placer.
Separo los labios y comenzó a jugar con su clítoris primero lo frotaba con la lengua y luego lo mordisqueaba suavemente y para que el placer sea mayor perdía primero un dedo y luego dos.
Ella gritaba, gemía, jugaba con el pelo de el para hacerle entender que lo que estaba haciendo le gustaba.
Sacudía su pelvis y la levantaba levemente rítmicamente.
El de tanto en tanto levantaba la vista y la miraba, y luego proseguía con su labor.
Cuando ella por fin llego al orgasmo aúllo de placer, se sacudió un poco y luego se quedo tranquila.
Luego lo beso y lo tiro contra la cama y agarro su sexo erecto, duro y comenzó lentamente a masturbarlo luego poco a poco lo besaba y luego directamente moridia suavemente al tiempo que seguía con su labor.
Cuando el no aguanto mas y acabo ella tomo su liquido vital y se subió otra ves sobre el.
- ¿Para que haces?
- Te hago el amor.
- Si, pero yo no puedo uno detrás del otro.
- No me importa vas a tener que poder.
Y sin darle tiempo a nada lo introdujo dentro de ella y otra vez empezó a moverse rítmicamente al compás de una música imaginaria.
Él besaba su boca, sus pechos, acariciaba sus caderas, se estaba perdiendo dentro de ella.
Cuando los dos acabaron ella mordió su hombro y se tendió rendida en la cama junto a el mientras lo acariciaba tiernamente, mientras el la besaba una y otra ves.
- Estas conforme – le pregunto.
- Realmente no, falta un poco – dijo ella algo cansada – descansa un par de minutos y seguimos.
- Yo, ya no puedo mas – dijo el extenuado.
- No me importa, si queres mis secretos tenes que pagar mi precio.
- No, lo se, ¿no lo pague ya?
- Solo dos cuotas, té falta aun un poco.
- ¿Lo podemos dejar para mañana?
- Mañana será tarde - dijo ella entre risas.
- Perdón – dijo el apenado- simplemente con el cansancio lo olvide.
- No importa, esta bien, ahora descansa que después viene lo realmente bueno – dijo y lo beso.
Descansaron un rato entre mimos y besos tendidos en la cama, todo transpirados y agotados.
Después de un rato, ella se incorporo y mirándolo le dijo:
- No me importa si estas listo o no, si descansaste o no, ahora me vas a dar lo que falta.
- No, para, dame un ratito más.
- No, ahora vamos a pasar a la fase final – dijo ella mientras agarraba el sexo de el.
Lo miro y sin decir nada comenzó a estimularlo otra ves, al principio el se quejaba pero poco a poco entro en el juego siguiendo el compás que ella le marcaba.
- ¿Vos querías saber algo de mi magia? – Dijo con algo de maldad en su voz.
- Realmente a esta altura me importa poco y nada. – Dijo entre jadeos.
- Oh, vamos me dirás que un poco de sexo y ya no te importa nada.
- No lo sé, no lo sé, solo seguí – pidió él.
Mientras lo estimulaba pensaba en que es lo que le diría, para poder proseguir sin mayores problemas.
Mientras el gozaba pensó hasta que por fin decidió decirle las cosas como eran.
Dejo de masturbarlo, lo beso y lo puso sobre ella, abrió levemente las piernas como para que el se pudiera acomodar y darle la impresión que el dominaba la situación.
El se acomodo y lentamente la penetro, ella gimió como para darle a entender que le estaba gustando lo que él hacia, cuando en realidad le daba lo mismo, su sexo era solo un instrumento mas para sus planes.
Siempre había podido dominar a los hombres de esa manera, rara vez se enamoro y cuando lo hizo las cosas terminaban muy mal, así que su corazón era un témpano de hielo.
Se movía siempre de manera sensual, con una estatura promedio y unos ojos tremendamente melancólicos que eran capas de hacer ceder al mas duro de los hombres, en cuanto a su cuerpo, estaba bien proporcionada, nada del otro mundo, pero tenia su encanto y su manera de hablar rompía mas de un corazón, era el arma perfecta.
Mientras el la penetraba ella pensaba que es lo que haría cuando saliera de ese maldito lugar.
- Esta bien, esto es lo que hacemos las hechiceras – dijo ella entre gemidos.
- Cállate, no me importa, no me desconcentres.
- No, vos querías saber, vas a saber por las buenas o por las malas.
- ¿Tiene que ser ahora mismo?, no puede ser mas tarde, ¿cuando terminemos los dos?
- No, tiene que ser ahora, antes que yo acabe.
- Vos habla que yo te escucho – dijo él entre jadeos.
- Esta bien, vos mientras seguí.
- Si, si, si, como sea.
- Veras para mi próximo hechizo necesito un psiquiatra calentón y mi cuerpo.
- Si, como sea – decía el sin prestarle mucha atención.
- Cuando el este acabando tengo que morderle la yugular y tomar su sangre y poco a poco tomar su forma así cuando yo alcance el orgasmo seré una doble idéntica a el.
El cuando escucho esto se detuvo en seco, ella temió que le haya prestado atención y no continúe pero a los pocos segundos el esta introduciendo su pene dentro de la vagina de ella, como si ella no hubiese dicho nada.
Cuando paso un rato el le dijo:
- Estoy acabando, no digas nada, déjame disfrutarlo.
Ella lo miro y supo que era el momento busco la yugular y la mordió, la sangre de el empezó a llenarle la boca y poco a poco ella fue tomando su forma.
Al poco tiempo ella tuvo un orgasmo y la mutación estaba completa, se paro, tomo la ropa de el y se vistió, salió del cuarto y camino por el pasillo como si nada hubiese pasado.
Antes que pudiese darse cuenta estaba otra vez en la calle, libre por fin luego de mucho tiempo, camino sin rumbo hasta que sonó el celular del psiquiatra:
- Hola, ¿quién habla? – dijo ella sobresaltada
- Adivina – le dijo una voz conocida.
- ¿Cómo carajo consiguieron este número?
- Nosotros podemos conseguir cualquier cosa.
- Si, lo había olvidado, ¿qué quieren?
- Tenemos un nuevo trabajo para vos y mejor que no te niegues por que sabes lo que pasara si lo haces.
Ella con resignación acepto y pidió los datos.
- ¿quien es esta vez?
- Es un chico, el hijo de un psiquiatra.
- Decime que no es el que me atendía a mí, es muy pequeño.
- Creo que si, pero supongo que el padre no será molestia para vos.
- No, lo acabo de matar, igual murió feliz.
Sin decir mas corto y se perdió nuevamente en el ocaso de la cuidad en busca de su nueva víctima.
Kershak McCoy julio 2006
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