25 sept 2010

Alguien en Creta

Alguien en Creta:

Su paso era firme, decidido. Un pie y luego otro.
Era como si una fuerza ajena a el lo estuviese guiando a su inexorable destino.
No tenía prisa pero no se detenía ante nada ni ante nadie, es por eso que mas de  una ves estuvo a punto de ser atropellado.
Las calles pasaban una tras otra, los mismos edificios, las mismas caras, conocía cada baldosa de memoria como la palma de su mano.
A medida que los metros se acumulaban y se acortaba la distancia, su corazón se aceleraba.
La sien le palpitaba cada vez con más fuerza y ya comenzaba a sentir que le faltaba el aire.
Siempre le pasaba eso cuando estaba muy nervioso o bien cuando estaba muy excitado.
Poco a poco se tranquilizo, se dijo a sí mismo que era un día como cualquier otro, pero sabia bien que desde que se despertó esa mañana nada seria igual.
Odiaba su cumpleaños, puesto que jamás tenía lo que quería, lo único que pedía desde que tenía memoria, pero jamás se cumplía su deseo.
Odiaba la hipocresía de la gente deseándole felicidades y que la pase bien al tiempo que se cumplían sus deseos en ese día mientras en el resto del año no les importaba si estaba vivo o si se moría.
El sol estaba en su cumbre, era el medio día, detestaba tanta luz, pero quería ir a ese punto específico, el oasis en medio de la ciudad.
Llego, se sentó, miro la cúpula que siempre le llamaba la atención, de noche tenia una luz violeta que amaba tanto, se prendió un cigarrillo y dejo que el tiempo transcurriese normalmente.
Cuando cayo la noche ella llego puntual como era su costumbre, aunque no tenían una cita real, ella sabia que lo encontraría allí en ese momento, solo que lo encontró un año mas viejo pero para su fortuna casi ni se le notaba, tal ves solo en los rasgos y los movimientos pero nada mas.
Ella se sentó en el banco que estaba junto al de el y simplemente lo observo un par de largos minutos, el ni se inmuto.
La gente pasaba, seguía su camino, de tanto en tanto lo miraba y luego hacían algún comentario entre ellos pero nadie se detenía, tal ves era como el pensaba, no valía la pena.
De golpe suena el celular de el:

-         Hola
-         ( ruidos del otro lado de la línea)
-         Hola... hola.
-         ( Ruidos del otro lado de la línea)
-         Hola... ¿quién habla?
-         Hola... ¿me escuchas?
-         Medio medio, ¿quién habla?
-         Yo.
-         ¿Quién es yo?
-         Sebastián.
-         Ha... ¿qué queres?
-         Nada... te llamaba por tu cumpleaños.
-         Ok, No estoy, chau.

Cortó y siguió pensando en sus asuntos.
Ella no dejaba de mirarlo, analizándolo, esperando el momento indicado para abordarlo.
Tenia todo el tiempo del mundo en cierto sentido y en otro la corrían los segundos, sabía bien que antes de la media noche su trabajo tenia que estar terminado de una ves y para siempre.
En eso el la vio, se dio vuelta inocentemente para preguntarle algo:

-         Disculpe señorita, ¿tendría hora?
-         Son las 22.40
-         Ya las 22.40, como pasa el tiempo de rápido.
-         ¿Perdón, me habla a mí?
-         Si, no, si, bueno... en realidad no, solo estaba reflexionando en vos alta.
-         Ha ¿y que tiene de especial esta hora?
-         Es solo que me recuerda algo
-         ¿Algo como su cumpleaños?
-         ¿Com... – se aclaro la garganta- cómo sabe eso?
-         Jaja, ¿es que acaso no me recuerdas?, ¿tan rápido me has olvidado?
-         Realmente deberá disculparme pero no la recuerdo.
-         Tanto que me llamaste y ahora no me recuerdas, vaya paradojas de la vida.

El por primera ves noto su belleza, el vestido negro pegado al cuerpo, haciendo juego con sus ojos pálidos que denotaban tristeza y le conferían a su rostro un aire de melancolía imposible de resistir.



Ella ni se inmuto, no le importaba mucho, o tal ves si, pero no lo quería admitir.
El siguió perdido en sus ojos, sin poder articular palabra hasta que sonó otra ves el celular, lo tomo entre sus manos y casi sin prestar atención le dijo.

-         me tiene harto, lo voy a apagar
-         Por mi no hay problema.
-         Si... bueno, igual lo tengo que apagar.

Lo apago y se acerco un poco más a ella.
Ella le sonrío y lo dejo acercarse poco a poco, pues era parte de sus planes que el reaccione de esa manera, le resultaba tan predecible a pesar de los esfuerzos que el hacia por demostrar lo contrario.
Ella miro la hora y se dio cuanta que era el momento justo para comenzar con el final de la historia.

-         ¿Por qué viniste?
-         Estoy escapando
-         ¿De quien?
-         Supongo que de mí mismo.
-         Jaja, mírate, tu que siempre corriste en pos de ayudar a los demás
-         ¿Qué?
-         Mírate ahora, quien te ayuda a vos.
-         No lo se, supongo que nadie.
-         Vamos, dime algo que no sepa.

El no daba crédito a lo que estaba escuchando, ella parecía saber todo lo que el pensaba o sentía.

-         Dime que buscabas cuando dejaste tu vida de lado
-         Ayudar.
-         ¿Ayudar a quien?
-         Al que lo necesitara.
-         Y vos, ¿vos donde quedaste en esa lista?
-         Supongo que no entre.
-         Me das pena.
-         ¿Yo?, ¿Por qué yo?
-         Vamos, si vas a preguntar estupideces me voy.
-         A parte, quien te dio confianza como para hablarme en ese tono.
-         Vos, vos me llamaste, vos me citaste.
-         Yo, eso es una tontería.
-         ¿Lo es?
-         Yo n siquiera se quien sos.
-         Si, si lo sabes, solo que te da demasiado miedo admitirlo.

El se resistía y a ella se le agotaban los minutos tenia que acelerar los tramites o no podría cumplir con su objetivo y su jefe se enojaría demasiado, sabia que estaba en capilla por haber fallado antes, no se podía dar el lujo de volver a equivocarse.
La noche se volvía cada ves mas fresca y comenzaba a caer una lluvia finita de esas que mas que mojar molestan y ella estaba demasiado desabrigada por el que el generosamente le dio su abrigo.

-         Ves lo que te digo.
-         ¿Qué?
-         Siempre es lo mismo.
-         ¿Lo mismo que?
-         Ni siquiera sabes quien soy "supuestamente, según vos" y me das tu abrigo.
-         Discúlpame pero a pesar de todo soy un caballero.
-         Ja ja, que gracioso, un caballero en esta época.
-         Sí, ¿por qué no?
-         Los cabellos murieron hace demasiado tiempo.
-         Culpa de mi madre, ella me educo así.
-         Aja, a ver... ¿cuántos años tenes?
-         Bueno si tanto sabes de mí como decís saber, eso ni se pregunta.
-         Ok, veintitrés.
-         Mierda.
-         Pensé que los caballeros no decían malas palabras frente a las damas.
-         Discúlpame se me escapo.
-         Esta bien... lo voy a pensar.
-         No, enserio discúlpame.
-         No se, no se, decime que hora es.
-         Son las 23.30
-         Maldición

Se dio cuenta que la media noche se acercaba demasiado rápido, apenas le quedaban escasos treinta minutos para cumplir con su meta.
Tenia que ponerse un poco más agresiva o el se escaparía.

-         decime, vos que ayudaste tanto, ¿conseguiste encontrar lo que buscabas?
-         Sí... no... en realidad... no
-         Aja
-         Pero supongo que es más que nada por que no buscaba nada.
-         Eso no es cierto, detrás de cada persona que ayudaste existía una búsqueda personal.
-         No – dijo el furioso- eso no es cierto.
-         Si lo es – dijo ella con tranquilidad-  por más furia que le imprimas a tus palabras.
-         Si me vas a acusar de algo así dame pruebas.
-         Por ejemplo: la chica con problemas de drogas, la chica del aborto, el flaco que lo perseguían para matarlo, el que corneaba a la mujer, la chica de la que te enamoraste y te rompió el alma, todos ellos fueron una búsqueda personal, eso por no contar a todos los depresivos, maníacos y un largo etc.
-         ¿Cómo la chica que me rompió el alma?, nadie me rompió el alma, vos me ves roto.
-         Tu ropa esta sana, pero tu cuerpo y tu alma están demasiado desgarrados.
-         No... eso no es cierto – grito el ya más desesperado que tranquilo- no puede serlo.
-         Si lo es... es mejor que lo aceptes.
-         Jamás – se negó- jamás aceptare eso.
-         Déjame ayudarte, deja que me beso te ayude a recordar.

Su beso le abrió la cabeza, fue como ver toda la creación del universo en un solo segundo, fue demasiado, él sé hecho a llorar, no podía soportarlo.
Ella parecía disfrutar la situación, sabia que lo tenia dominado, que ya pasara lo que pasara seria inútil que intentara escapar, el ya estaba jugado, solo era cuestión de darle el toque final.
-        
-         Ahora voy a volver a preguntarte: ¿qué buscabas?
-         Que me quieran, que me respeten – Dijo él con la vos cortada por las lagrimas- que alguien me ame
-         Ahora me gusta más.

Ella se acerco para abrazarlo pero el se la saco de encima violentamente, no quería saber nada con nadie.


-         Vamos déjame ayudarte, después de todo tu me llamaste.
-         Maldita seas  ya no se como decirte que no se quien sos.
-         Si, si lo sabes, de hecho vos estas perdidamente enamorado de mí.
-         Puede ser.
-         Si lo es, créeme.
-         Pero como puedo amar algo que conozco.
-         Es que si me conoces.
-         No creo...
-         Mira te voy a preguntar algo... en el día de hoy ¿hubo algún momento bueno?
-         Si, solo uno.
-         ¿Enserio?, ¿Cuánto duro?
-         Dieciocho minutos.
-         Ok, ahora estas conmigo.
-         Esta bien.

En eso sonó el celular de ella:

-         te quedan solo cinco minutos
-         Esta bien.
-         Más te vale que no falles.
-         Tranquilo, no lo haré

Corto y volvió a lo que estaba haciendo, volvió a prestarle toda su atención a el.

-         ¿En que nos habíamos quedado? – Dijo ella haciéndose la distraída.
-         Ya no lo sé.
-         ¿Vamos me dirás que ese beso te dejo fuera de combate?
-         No, no es eso.
-         ¿Entonces que es?
-         Es que de golpe tuve una visión de algo que paso hace tiempo.
-         ¿Ella, verdad?
-         ¿Ella?, ¿Quién ella?
-         La chica a la que le propusiste matrimonio, la misma que te dejo plantado en el altar.
-         Sí ella – Acoto él con lagrimas en los ojos.
-         Se que te estas preguntando algo, formula la pregunta y tal ves tan solo tal ves pueda responderte.
-         No, no tengo preguntas
-         Sí, sí los tenes.
-         No, en realidad es mas bien una certeza
-         Jaja, una certeza, ¿vos? , no te creo.
-         Si lo es.
-         Veamos cual es, decimela.
-         ¿Para que?
-         Por que me interesa, me interesa todo lo que tiene que ver con vos.
-         No es cierto, no me conoces.
-         Te conozco mejor de lo que crees.
-         Ha cierto, con eso que yo te cite acá y toda esa cosa – Decía el irónico.
-         ¿Irónico en señor?
-         No, solo que no me cierra.
-         En fin... te lo voy a decir una sola vez para que lo comprendas, si podes bien, sino mala suerte para vos, ¿soy clara?
-         Si... supongo – Dijo sin mucha convicción.
-         Ok, te lo pregunte por que todo lo que tiene que ver con vos me interesa.
-         Sí eso ya lo sé.
-         Déjame terminar.
-         Perdón.
-         Vos me interesas.
-         ¿Yo?
-         No, el tipo que paso recién.
-         Pero si recién no paso nadie.
-         Sí, vos tonto.
-         Mierda.
-         ¿Qué?
-         Me acabas de tirar mi certeza al carajo.
-         ¿Por?
-         Por que yo creía que era tan feo que jamás nadie se interesaría en mí.
-         Lo ves,  te equivocaste.
-         Una mancha mas que le hace al tigre.
-         Jaja
-         Pero algo tengo por seguro.
-         ¿Qué cosa?
-         Que si te propongo matrimonio me dirás que no
-         ¿Seguro?
-         Sí.
-         Inténtalo.
-         ¿Para que?, Estoy harto que me reboten.
-         Solo inténtalo, ¿puede ser'
-         Ok, Seas quien seas ¿te queres casar conmigo?
-         El 13 de junio será ese día... a las 22.40 Para que sea este día realmente importantelo haré con propósito. Cuando tu vida y la mía se entrelacen al fin, no preguntes por que ni como,vos ya  tenes la respuesta. Quiero vivirte a lo máximo... encontrarme en la mirada de tu alma,reflejada...  como siempre... por el resto de mis días. Acepto casarme con vos en Creta, sí estas de acuerdo.

Y besó la lágrima derramada por su ojo izquierdo.

-         ¿Hablas enserio?
-         Como jamás antes lo he hecho.
-         No lo puedo creer. – atino a decir emocionado.
-         Ahora dime una cosa
-         Lo que quieras.
-         ¿Que hora es?
-         Son las 23.57
-         Perfecto.
-         Ahora dime algo
-         Lo que quieras pero antes sellemos esta unión con un beso, ¿quieres?
-         Obvio.

Ella se le acerco  y se sentó a horcajadas sobre el y sin dejarle decir nada mas se fundieron en uno solo en un beso tan apasionado que hizo temblar la tierra.
Al principio él sintió que el mundo se abría, sentía que viajaba a miles de kilómetros de distancia a una velocidad vertiginosa.
Pero de golpe sintió que algo le mojaba la garganta, sentía como el liquido corría por su pecho, al principio fue algo frío pero luego el liquido se volvió cada ves mas caliente.
Cuando pudo ordenar su cabeza para comprender lo que veía, ella estaba sobre su garganta lamiendo su sangre, al poco tiempo la vio levantarse y lentamente se alejaba por la avenida que estaba paralela a Creta.
El solo intento llamarla pero su voz ya no estaba.
Ella se fue sin mirar atrás.

Sonó de golpe su celular.

-         ¿Cumpliste nena?
-         Si, como te había dicho.
-         Genial
-         ¿Sabes algo?
-         ¿Que?
-         El idiota fue más simple de lo que criemos.
-         Viste, vos que decías que se complicaría.
-         En fin...
-         Si, bueno como sea.
-         ¿Tenes a la próxima víctima?
-         Si, te mande los datos por mail.
-         ¿Crees que se complique mucho?
-         No, creo que va a ser más simple que este.
-         Más te vale.
-         Vos tranquila, confía en mí, te digo que es simple.
-         Genial, ahora me voy a dormir, este tipo me agoto.
-         Ok, nos vemos mañana.
-         Nos vemos, besos.
-         Beso.
-         Chau.

Dicho esto se perdió en medio de la madrugada invernal.
El cuerpo de el quedo tirado en la plaza, nadie lloro su muerte, su cuerpo se pudrió en el mismo lugar que fue dejado, después de todo el solo fue alguien en Creta.

Kershak McCoy 13/06/2006 22:40 PM

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